Además de los ahorros perdidos en las fraudulentas negociaciones financieras que se han destapado recientemente, los guatemaltecos estamos perdiendo, sino es que lo hemos perdido ya, el conjunto de convicciones que nos posibiliten vivir en sociedad. Se dice de nosotros que como pueblo somos olvidadizos. Vemos y se reprocha el proceder de los políticos al acomodarse a su personal conveniencia en uno u otro partido político y reclamamos de éstos su ausencia de marcos ideológicos que les diferencien entre sí.
Este año se dará un proceso eleccionario y de nuevo algo así como el 45 % de los empadronados habremos de acudir a las urnas a ejercer nuestro derecho al sufragio. Por un matutino nos enteramos esta semana que más del 70 % de los actuales diputados al Congreso de la República aspiran a la reelección. Al día siguiente el mismo matutino publica el rechazo, por el orden del 98 % a tal pretensión, de los políticos atrincherados allá en la novena avenida.
Cuando inició este gobierno y su alianza tripartita, contaba 78 alcaldes. Apenas unos meses después muchos se reacomodaron, por razones que habremos de analizar en otra entrega, y el número de alcaldías «afines» al gobierno central llegó, en su momento cenit, a 186. Hace unos días algunos de ellos iniciaron su migración a partido cuyas simpatías y «olfato» les dicta puede ser el eventual ganador de los comicios de septiembre.
Lo dicho en los dos párrafos anteriores es una muestra de cuán imprecisas son las convicciones de nuestros políticos, pero también la responsabilidad de ese vacío de conducta es nuestra en tanto somos los electores de tales «líderes». Tener una convicción respecto de algo es tener una opinión de ese algo. Poseer una convicción es contar con un modo de entender la realidad y más aun una manera de encararla para transformarla. Si nuestras convicciones son tan frágiles, creer que políticamente las organizaciones partidarias nos presenten una ideología es esperar demasiado.
Todo indica o pareciera que nuestras convicciones como pueblo están perdidas. Se perdieron.
Hace cuatro años unos «líderes» se presentaron como opción electoral bajo el emblema de un partido político. Hoy, al menos dos de esas opciones están acariciando la idea de volver a presentarse a la oferta electoral con otro emblema político. Y vemos como los partidos políticos «salen» a la caza de líderes para presentarlos en el proceso electoral de este año. En todo una carencia de convicciones de orden colectivo. En todas esas manifestaciones se pronuncia una irresponsabilidad política que por el sistema político electoral que poseemos, al final todos somos cómplices de una charada que llamamos democracia y que a veces creemos que contribuimos al conformar lo que denominamos Estado. Las convicciones están perdidas y yo, al menos por ahora, no las veo en los electores, entonces no será dable reclamarlas en los que habremos de elegir. Que desgracia.