Conversando con una psiquiatra el estrés y la vida cotidiana


Para la palabra estrés no existe una traducción exacta al idioma español; sin embargo, se refiere a presión o al aumento de cargas a las cuales la persona se enfrenta en su diario vivir, por lo cual, se necesitarí­a estar muerto para no tener estrés.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

El estrés, como fuerza motivadora de la vida, nos impulsa a hacer cosas: nos levantamos, realizamos nuestras tareas regulares, planificamos, ensoñamos, imaginamos, alcanzamos nuestros pequeños o grandes logros. Este estrés es considerado normal (eutrés), pues nos proporciona ayuda para responder a las demandas que requiere la vida.

Pero la intensidad del estrés puede ser mucho mayor de la que estamos acostumbrados a manejar, o existen variables que aumentan el mismo: pérdidas de seres queridos o materiales, dificultades en nuestras relaciones interpersonales, con nuestras parejas, con nuestras familias, en nuestros trabajos, y otras. Esta carga llega a ser mayor que los mecanismos con los cuales contamos para enfrentar estos sucesos; o, probablemente, nos encontramos en un momento de vulnerabilidad psicológica, podrí­a ser una etapa de transición de la vida, lo cual también nos debilita en nuestro sistema de herramientas para encarar problemas. Todo lo anterior nos conduce a fatiga, malestar, sensación de desgaste y pérdida de energí­a y este es el estrés capaz de llegarnos a enfermar al cual llamamos distrés.

El distrés puede ser causal indirecto de muchas enfermedades como hipertensión arterial, arritmias cardí­acas, aumento de factores de coagulación sanguí­nea, de lí­pidos, inclusive puede conducir a un infarto cardí­aco, provocar accidentes vasculares a nivel cerebral, colón irritable, enfermedad péptica, molestias músculo-esqueléticas, problemas del sueño, alteraciones del apetito, disminución de la respuesta inmune; lo cual ha sido asociado al aparecimiento de infecciones y el desarrollo de cáncer. A nivel emocional nos hace sentir más irritables, con pérdida de fuerzas, puede llegar a conducir al desarrollo de enfermedades como la depresión, la ansiedad, el surgimiento de sí­ntomas psicosomáticos y de las adicciones. Las personas con distrés se aquejan de múltiples sí­ntomas: tristeza, dolores de cabeza, insomnio, indigestión, sarpullidos, picazones, disfunción sexual, palpitaciones y nerviosismo.

Así­ que el distrés tiene repercusiones muy amplias en diversos campos tales como: el sistema de salud, la productividad laboral, la calidad de relaciones familiares y sociales, y sobre el campo económico ya que el no prevenir su desarrollo puede tener mayores costos en la inversión de tratamientos especí­ficos de enfermedades asociadas al mismo. Así­ como un mayor í­ndice de ausencias laborales o limitaciones laborales para empresas e instituciones.

Dentro de las recomendaciones dadas para la prevención del aparecimiento del estrés que nos enferma están el aprender a manejar nuestras emociones sobre todo el enojo, a conducirnos con expectativas realistas ante situaciones de la vida, cultivar nuestras destrezas psicosociales como la resolución de problemas, manejo del tiempo; organizándolo, priorizando tareas, incluyendo un tiempo de recreación y de ocio. Conducta asertiva, técnicas de auto cuidado personal, en las que podrí­amos mencionar el adecuar nuestro sueño, nutrición, higiene y planificación. También es conveniente la realización regular de ejercicio, de técnicas de relajación, desarrollar y utilizar un sistema de apoyo, de crecimiento personal, espiritual y profesional. Y si todo lo anterior no nos ayuda a lidiar con el estrés, pensemos en iniciar un proceso de psicoterapia.