La Organización Mundial de la Salud y la que tiene iguales funciones en el continente americano, difundieron un informe que resulta alarmante y es una confirmación de la ausencia de políticas orientadas a promover el desarrollo humano en Guatemala. Mientras nuestros empresarios se oponen con todo vigor y energía a cualquier iniciativa para impulsar el desarrollo rural sin hacer propuestas más allá de mantener las cosas como están, la OMS nos informa que el 45.6 por ciento de los escolares guatemaltecos sufren de desnutrición crónica, lo que compromete no sólo su salud sino su aptitud para formarse física y mentalmente.
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Tristemente somos el peor país de América Latina en ese indicador tan vergonzoso y en el mundo solo hay otros tres países que están peor que Guatemala. Si eso no es motivo suficiente para sentir vergüenza y, más aún, la necesidad urgente de asumir compromisos de Nación para enfrentar tal gravísima situación, no habrá nada que pueda conmover a la clase dirigente de este país que se resiste a impulsar acciones para atender a los más necesitados y cuyas políticas públicas se siguen concentrando en otorgar beneficios tan particulares como los que el Congreso concedió, con celeridad y abrumadora mayoría, a los que tienen las frecuencias de radiocomunicación en el país.
Estamos frente a una situación que es no sólo indicadora de nuestro abandono actual, sino que evidencia que estamos condenados a que nuestros problemas empeoren por lo menos para la siguiente generación porque el efecto que tiene en el largo plazo la desnutrición crónica es devastador. Somos un pueblo que no tiene capacidad de competir en un mundo cada vez más preparado y apto para la competencia global puesto que no invertimos ni siquiera en la alimentación de nuestra niñez, mucho menos podemos hablar de una apuesta efectiva para su educación y mejor formación hacia el futuro.
Cuando se libraban las horas finales de la elección de Estados Unidos un elemento crucial en el debate fue centrando en los discursos de Obama. Estados Unidos no puede seguir retrocediendo en la preparación de su recurso humano y tiene que apostar, si quiere seguir siendo potencia mundial, a preparar mejor a sus jóvenes que se están rezagando frente a las políticas agresivas de otras potencias emergentes, entre las que se señalaba a China y la India. Si eso pasa con un país donde la gente está al menos mejor alimentada, ¿cuál puede ser la expectativa de una nación como la nuestra donde la indiferencia de los grupos dominantes se traduce en hambre cotidiana para miles y miles de niños y jóvenes que no pueden aprovechar adecuadamente su etapa de formación porque el déficit en la ingesta de alimentos se lo impide?
Yo creo firmemente en la propiedad privada y no creo que la distribución de parcelas pueda resolver el problema de la miseria en que vivimos y ni siquiera se traduzca en seguridad alimentaria. Pero es evidente que la propuesta de que todo se resolverá con más inversión generadora de empleo son puras pajas porque a lo largo de los años lo que hemos presenciado es una constante de explotación y de condiciones miserables de trabajo para los campesinos que tienen que emigrar a realizar cosechas en distintos lugares del país y que reciben salarios que no son realmente dignos.
El tema de la pobreza y el hambre tienen que provocar un serio debate maduro de la sociedad guatemalteca para buscar soluciones efectivas. En vez de la polarización que provocan iniciativas como la de desarrollo rural, tendríamos que tener la madurez de dialogar seriamente para encontrar soluciones y definir políticas de desarrollo humano que sean la palanca del futuro desarrollo nacional, A mí me da vergüenza ver esos indicadores que nos condenan hoy y para el futuro y me indigna que en medio de esa certeza no tengamos capacidad de hacer algo para empezar a revertir la situación.