Este gobierno se ha caracterizado por tener uno de los equipos más mediocres de la historia del país y se dispone a cerrar con broche de oro con el tema de la transición. Mientras el gobierno entrante nombra al doctor Eduardo Stein, quien fue Canciller y Vicepresidente de la República, el saliente designa al primero que se le atravesó al Presidente en los pasillos de Casa Presidencial, puesto que el señor Arnoldo Noriega no tiene el perfil de ser el responsable de informar sobre TODO lo que tiene que saber el equipo que asumirá funciones el próximo 14 de enero.
Indudablemente es un acierto de Pérez Molina encomendar esa tarea a una persona con notable experiencia, tanta, que durante los cuatro años del período anterior se le reconoció como el verdadero estadista del régimen, puesto que ello permitirá que se sepa precisa y exactamente qué información hay que pedir. No es lo mismo que alguien como Stein, con pleno conocimiento de las interioridades del poder y de la administración (que son cosas distintas), sea el responsable a que lo pueda ser algún oscuro asesor que no llega a tener todos los datos ni, mucho menos, la influencia para obtenerlos.
Eduardo Stein es un académico respetado y respetable que conoce exactamente cuáles son y pueden ser las fortalezas y debilidades de la gestión pública. Por lo tanto, el Presidente electo está dando muestras de madurez, de seriedad en el manejo del tema de la transición y aunque el Gobierno no haga lo propio, como hubiera correspondido, por lo menos por el lado del equipo entrante es obvio que se va a requerir la información precisa, la que es necesaria para que los equipos de cada una de las ramas de la administración pública puedan realizar sus funciones sin desperdiciar el tiempo como ocurrió hace cuatro años.
Precisamente en ese tiempo fue el mismo Stein quien tuvo a su cargo coordinar la transición, pero entonces, como ahora, no hubo realmente una contraparte capaz. La diferencia es que cuando le tocaba dar información y no tenía a quién dársela o quién la entendiera, pues allí se cerraba el capítulo, mientras que ahora él mismo sabe cómo lograr todos los datos que le hacen falta para informar con propiedad al Presidente electo y a su equipo de gobierno.
Evidentemente no estamos repitiendo el fenómeno de la improvisación que se ha vivido con tanta frecuencia con los nuevos gobiernos. Al menos en el tema del manejo de la transición Pérez Molina demuestra que él sí se toma la cuestión en serio y que le asigna una gran importancia a los preparativos para empezar a trabajar el mismo 14 de enero.
Minutero
Era ya una tradición
tomarlo a la ligera
dejando que cualquiera
viera por la transición