La Contraloría General de Cuentas de la Nación, de forma paulatina fue perdiendo el respeto que la población le tuvo en cuanto a que su función técnica y especializada, se convirtió en un bastión político al servicio de los gobernantes de turno.
Sus delicadas funciones de control administrativo en todas las áreas de la administración pública, constituyeron el freno que a su vez significó el respeto hacia el erario público; es de recordar también que, los conceptos de valores (axiológicos) eran diferentes en los profesionales que desempeñaron el cargo.
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De unos veinte años al presente tiempo, la Contraloría ha venido a menos en el imaginario social, debido a las conductas que sus dirigentes tomaron para apañar los actos ilícitos de funcionarios que en función política favorecieron los supuestos sueños de “permanencia voluntaria” que todos los gobernantes han tenido cuando inician su gestión presidencial.
Los ministros en función política, los viceministros como operadores técnicos de transferencias presupuestarias y movimientos internos de partidas; los directores generales con las compras ficticias, los encargados de compras y en fin… constituyeron y constituyen toda la telaraña que supone el escamoteo de los fondos públicos para entregarlos a los dirigentes políticos de turno y con ello pretender reelegirse o en su caso, asegurar la continuidad de su partido político en el poder.
Por supuesto, de ello sale la tajada enorme para la repartición de quienes hacen posible tal juego económico que raras veces se sabe a dónde va a parar; pero que se justifica con la dádiva generosa traducida en obsequios navideños, láminas, música, playeras, magdalenas, llaveros, gorras, zapatos deportivos, uniformes, chocolates y galletas, ron para regalar a los diplomáticos y por supuesto, todo lo que se “clavan” los mandaderos correspondientes.
El pueblo de Guatemala, ya está harto de las conductas delictivas y nagüilonas de los excontralores; los señores Marco Tulio Abadío y Dubón Palma son los ejemplos paradigmáticos de las conductas inmorales e ilegales que desde esa dependencia del Estado se proyectó para beneficio personal de políticos en pos del poder.
Y ahora, la Contralora de turno, quien a pesar de las informaciones públicas documentando conductas delictivas de actuales funcionarios, no interviene y mucho menos presenta las denuncias concretas al Ministerio Público, se está forjando en el imaginario social un estigma igual al de los Contralores anteriores.
A los funcionarios, dicha institución, ahora “les pela” por ello roban/huevean/desfalcan con desfachatez, porque saben, que no habrá persecución debido a su identificación ideológica con las autoridades contraloras. Quien detenta el poder en cualquier época, amenaza a quienes en su hoy no les sirvan o en su mañana puedan causarles algún perjuicio; por ello, los servidores amenazados o “convencidos” dejan la mesa limpia para salvaguardar su vida y gozar del beneficio económico que ello implica.