Los enfrentamientos entre el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela y la prensa no son cosa nueva, pero sí lo es la salida que el gobernante ha dado al problema mediante el cierre de empresas de comunicación radial y televisada y la iniciativa para una ley que tipifique como delitos lo que el Gobierno considera excesos de los periodistas en la comunicación social. Si alguna duda había sobre el carácter despótico de la llamada Revolución Bolivariana que dirige Chávez, estas acciones evidencian a las claras que Venezuela se dirige a la consolidación de un sistema autoritario que le niega al pueblo hasta el derecho elemental a estar informado.
No se puede negar que el conflicto entre la prensa y el Gobierno está en el marco de la confrontación ideológica que se deriva del enfoque que Chávez da a la gestión pública y que ha polarizado a la población venezolana. La mayoría de los medios de comunicación responden al interés de los sectores de poder económico que resienten las políticas impulsadas por Chávez y por lo tanto la prensa se ha convertido en la caja de resonancia del enfrentamiento entre el empresariado conservador y el Gobierno. Pero aun reconociendo que alguna parte de la prensa está realmente jugando un papel importante en el no oculto esfuerzo por minar al gobierno de Chávez y aun en algunos casos para ponerle zancadilla a la llamada Revolución Bolivariana, hay que decir que el cierre de espacios para la libre discusión de los temas nacionales es la sepultura de cualquier modelo democrático.
Y el fenómeno no es exclusivo de Venezuela porque lo hemos visto también en Honduras, donde los medios de comunicación se definieron contra Zelaya cabalmente por la influencia de Chávez en su gestión y en otros países donde a la agenda informativa se agrega una clara agenda política que hace de la prensa el instrumento idóneo para avivar la confrontación ideológica.
La independencia de la prensa es crucial para su subsistencia y por ello es que tan grave es la represión oficial y el ejercicio de la censura como la que impulsa Chávez, como la torpe utilización de los medios para librar causas políticas ajenas que comprometen el traslado de la información veraz y certera, sobre todo si se contamina la parte informativa con los intereses políticos de los medios de prensa.
Nada justifica la acción de Chávez porque un gobierno que está actuando con transparencia y corrección, tiene argumentos para rebatir la diatriba de opositores que caen en sesgo informativo. El cierre de medios es, en el fondo, resultado de la falta de esos argumentos sólidos y contundentes para rebatir el ataque y tal parece ser el caso del Gobierno venezolano.