Contra el extremismo


Las tres figuras cimeras de Annapolis, Ehud Olmert (I), de Israel, George W. Bush (C), de Estados Unidos, y Mahmud Abas (D), por los palestinos, inauguraron la cumbre de paz.

Estados Unidos, Israel y los paí­ses árabes más clave ven el nuevo proceso de paz israelo-palestino, que comienza formalmente hoy, como un baluarte contra el ascendente extremismo islámico.


Aunque recelosas de tratar con Estados Unidos y con su aliado Israel, las autoridades seculares palestinas y la potencia árabe de Arabia Saudita asistieron a la conferencia de paz que patrocinó Estados Unidos ayer en Annapolis, cerca de Washington.

Al hacerlo, se hicieron eco de las mismas inquietudes de sus anfitriones norteamericanos: sin un proceso viable de paz, el difí­cil vecindario del Medio Oriente caerá todaví­a más en el extremismo religioso, el caos y la violencia.

«El estancamiento en el proceso de paz ha aumentado la atracción por las ideologí­as extremistas. Los sentimientos de desesperación y de frustración han alcanzado un nivel peligrosamente alto», dijo el canciller saudí­, el prí­ncipe Saud al-Faisal, a los delegados de la conferencia.

«Es hora de terminar con este conflicto, y permitir que la gente de la región desví­e sus energí­as desde la guerra y la destrucción hacia la paz y el desarrollo», añadió.

«Debemos impedir que nuestra región se deslice hacia la agitación y el caos», dijo al-Faisal, y agregó que «todos los hijos de Abraham» -judí­os, cristianos y musulmanes- deberí­an ser capaces de vivir juntos.

Aunque presionó a Israel a cumplir con las demandas de una iniciativa patrocinada por su paí­s, la mera presencia del prí­ncipe saudí­ fue un golpe maestro para la diplomacia de Estados Unidos, porque Arabia Saudita nunca habí­a asistido a una reunión de tan alto nivel sobre la paz con Israel.

Y algunas de sus palabras deben haber resonado en el presidente estadounidense George W. Bush y la secretaria de Estado Condoleezza Rice.

Bush dijo que las nuevas negociaciones israelo-palestinas que comienzan este miércoles en la Casa Blanca ofrecerán a los palestinos «una visión alternativa para el futuro, una visión de paz, una patria propia y una vida mejor».

«Si lí­deres palestinos responsables pueden concretar esta visión, darán un golpe devastador a las fuerzas extremistas», dijo Bush, evocando un estado democrático palestino que «inspire a millones en todo Medio Oriente».

Las autoridades de Estados Unidos se regodearon al señalar que los ausentes de esta conferencia eran Irán y los grupos de lí­nea dura que éste respalda: los chií­tas del Hezbolá en Lí­bano y el movimiento islamista de Hamas en los territorios palestinos.

Al lanzar un nuevo impulso hacia la paz, Estados Unidos quiere que los estados árabes moderados dejen aislado a Irán, cuya influencia ha crecido tras la invasión norteamericana a Irak en 2003.

Rice tocó el asunto de Irán durante un discurso en Nashville (Tennessee, sur), ante una organización judí­a norteamericana el 13 de noviembre.

«Los extremistas violentos, con el gobierno de Irán cada vez más a la cabeza, están haciendo todo lo que está a su alcance para imponer sus miedos, su resentimiento y sus ideologí­as cargadas de odio a la gente de Medio Oriente», dijo Rice.

Durante sus discursos en la conferencia, el primer ministro israelí­ Ehud Olmert y el lí­der palestino Mahmud Abas ofrecieron una visión similar de lo que movilizaba el terrorismo en los territorios palestinos.

Tamara Cofman Wittes, analista del Centro Saban para Polí­tica de Medio Oriente, señaló que el nuevo proceso podrí­a no llegar a buen término porque estaba impulsado por una fuerza negativa, el temor al extremismo.

Valioso a corto plazo, el proceso «crea algo así­ como un baluarte contra la influencia iraní­ en el Levante, los territorios palestinos y posiblemente en el Lí­bano», dijo Wittes.

«Y pone presión adicional sobre Siria para que no se excluya del redil árabe, del consenso árabe a favor de negociaciones israelo-palestinas y que podrí­a conducir a Siria a contener a Hamas y al Hezbolá», añadió.

Una renuente Siria envió a Annapolis a su vicecanciller.