Continuamos como en la Guerra Frí­a


El rechazo de sectores empresariales a la condecoración que impondrá el presidente de Guatemala, ílvaro Colom, al lí­der de la Revolución Cubana, Fidel Castro, durante su próxima visita a la isla, rememora viejos tiempos que parecí­an ya superados en el paí­s centroamericano.


Guatemala ha sido escenario de luchas a favor y en contra de la Revolución Cubana. A mediados de los años 50, según analistas, el propio Fidel permaneció varios meses en territorio guatemalteco después de ser excarcelado por el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, las tierras de una finca llamada «Helvetia», en las costas del Pací­fico (sur), también sirvieron años después para entrenar a un grupo de estadounidenses que se preparaban para invadir la bahí­a de Cochinos, en un intento de derrocar a Fidel.

Aunque Guatemala nunca rompió relaciones diplomáticas con Cuba, las congeló por décadas, hasta que en 1997 el gobernante de derecha, ílvaro Arzú, las reactivó influido por los empresarios que veí­an buenas posibilidades de negocios con la isla.

La reactivación de las relaciones se concretó un año después de la firma de la paz que silenció las armas que durante 36 años (1960-1996) marcaron la vida de los guatemaltecos.

En los doce años que han pasado desde ese episodio, las relaciones se han intensificado, especialmente con la colaboración de Cuba en áreas de salud, educación y preparación de atletas de alto rendimiento.

Actualmente, hay unos 400 médicos cubanos que desde 1998 trabajan en las áreas más pobres de esta nación, a quienes se le han sumado desde hace tres años otros 84 galenos que realizan exámenes y operaciones de la vista.

No obstante, las fricciones resurgieron unos dí­as antes de que Colom emprenda su primer viaje a Cuba el próximo domingo, y el segundo de un gobernante guatemalteco desde que se reanudaron las relaciones diplomáticas, con Arzú.

La discordia en esta ocasión es la condecoración con la Orden del Quetzal, la máxima que entrega el gobierno guatemalteco a un extranjero, y que otorgará Colom al convaleciente Castro, a quien un empresario agrí­cola tildó de «tirano».

Por ello, los empresarios declinaron acompañar al presidente guatemalteco en su viaje a Cuba.

La reacción de los empresarios conmocionó a dirigentes de organizaciones humanitarias, pues estimaban que ese tipo de lenguaje era cosa del pasado tras la firma de la paz.

«Me he quedado impactado por el lenguaje tan agresivo, un lenguaje propio de los años 70, cuando en Guatemala se viví­a una guerra y se violaban los derechos humanos por parte del ejército y grupos clandestinos paramilitares», consideró el dirigente Mario Polanco.

Para Polanco «no existe argumento válido, como para cancelar un viaje de esta naturaleza. Esto nos indica que este tipo de actitud intolerante y cerrada del gran capital guatemalteco, es una de las grandes causas del subdesarrollo y pobreza en que está sumida la población», afirmó.

«Cuba está compartiendo con Guatemala los frutos del sacrificio de una revolución que triunfó gracias a un pueblo que luchó por su libertad; porque somos dos pueblos solidarios que somos más que hermanos», sentenció Colom, quien se define como socialdemócrata y sufrió pérdidas familiares en la guerra.

Colom, quien concederá la medalla a Castro, aunque no se reúna con él, será el quinto mandatario latinoamericano que visita Cuba en el último mes y medio, luego de los de Panamá, Ecuador, Argentina y Chile.