Hace pocos años vino a posicionarse la canadiense mina de oro Marlin a San Marcos y, el eficaz vocero de la mina, con cobertura gratuita a nivel nacional, era el presidente de Guatemala, í“scar Berger Perdomo, obviamente con profundos intereses en ese negocio. Con seguridad sigue recibiendo, dentro de otros, fuertes emolumentos por ese concepto.
Berger, el pobre cómico que sirvió fielmente a los intereses de sus patronos, seguramente ni pudo percatarse, en ese momento, del profundo daño que hacía a su país; únicamente pensó, por lo visto, en acrecentar fortunas de unos y otros.
En el Diario La Hora del jueves 1 de octubre de 2008, portada y página 3, Ligia Flores escribe que la Conferencia Episcopal de Guatemala denunció que, «De acuerdo con los resultados del monitoreo y análisis de la calidad del agua elaborados por la Comisión Pastoral Paz y Ecología de la Diócesis de San Marcos, existe presencia de metales pesados como hierro, aluminio, magnesio y arsénico -cuyos valores sobrepasan los permitidos- en los ríos Tzalá, riachuelo Quijivichil y el nacimiento del Xkus, en aquel departamento.»
A pesar de las abundantes pruebas de estos efectos nocivos para la salud, la exposición a los metales pesados continúa y puede incrementarse por la falta de una política consensuada y concreta. El mercurio todavía se utiliza profusamente en las minas de oro de América Latina.
La presencia de contaminantes en un suelo, cuerpos de agua o en el aire, supone la existencia de potenciales efectos nocivos para el hombre, la fauna en general y la vegetación. Estos efectos tóxicos dependerán de las características toxicológicas de cada contaminante y de la concentración del mismo. La enorme variedad de sustancias contaminantes existentes implica un amplio espectro de afecciones toxicológicas.
Indirectamente, a través de la cadena trófica o alimenticia, la incidencia de un suelo contaminado puede ser más relevante. Absorbidos y acumulados por la vegetación, los contaminantes del suelo pasan a la fauna en dosis muy superiores a las que podrían hacerlo por ingestión de tierra.
Eco-climático, en Internet, nos instruye que estudios muy recientes se han ocupado de la repercusión negativa de los metales pesados en la situación del ecosistema y la salud del ser humano. Hoy se conoce mucho más sobre los efectos de estos elementos, cuya exposición está relacionada con problemas de salud como retrasos en el desarrollo, varios tipos de cáncer, daños en el riñón, e, incluso, con casos de muerte. La relación con niveles elevados de mercurio, oro y plomo ha estado asociada al desarrollo de la auto-inmunidad (el sistema inmunológico ataca a sus propias células tomándolas por invasoras). La auto-inmunidad puede derivar en el desarrollo de dolencias en las articulaciones y el riñón, tales como la artritis reumática, y en enfermedades de los sistemas circulatorio o nervioso central.
No creo que la minería deba ser eliminada del planeta. Sin embargo es necesario que se pare la mano a esta pléyade de asaltantes de países, que inescrupulosamente asaltan a rajatabla con el consenso de quienes gobiernan y tienen el poder, delegado por la población.
Es momento de hacer revisión y cambiar o anular los contratos de explotación del oro en Guatemala, incluyendo la revisión al gerente de la minera, Milton Saravia, hace años públicamente expuesto como mentiroso y corrupto en publicaciones de prensa.