El asunto representa un dilema para las relaciones mineras, el Estado y las comunidades del ámbito nacional. Los monopolios y oligopolios nacionales y transnacionales han caído como insaciables buitres sobre Latinoamérica. Pero en lo que a nosotros ahora concierne, es el problema que surge en Guatemala como otra nube negra que cubre con mantos de abuso, desigualdad e impunidad a la República y a sus habitantes.
En Guatemala, los gobiernos intervienen, generalmente, a favor de las mineras y casi no hay voluntad política para favorecer a las comunidades, es decir, a la población; menos aún en el caso de gobiernos que orbitan en la ultraderecha nacional, como es el caso de í“scar Berger Perdomo, quien se identificó abiertamente como el presidente de los «Empresarios».
Como es obvio que no existe voluntad política para desarrollar integralmente a Guatemala, sino más bien para la recepción de coimas en las esferas de los permisos o licencias para minería (de allí que el Ministerio de Minas se ha caracterizado como un suculento botín político), las comunidades del interior de la República, para defender su propia supervivencia, toman medidas de hecho porque los habitantes del interior comprenden que lo que está en juego es su hábitat -tierra, aire y agua- propio y de sus descendientes.
Los guatemaltecos del interior saben perfectamente que no existe forma eficiente de defender su supervivencia y en este escenario es un deber y una obligación ciudadana tomar medidas de hecho con la intención de llamar la atención del resto de la ciudadanía, aunque se les olvida que la ciudadanía generalmente toma cartas en el asunto, cuando se arremete contra alguien que orbita dentro de los intereses de los «Empresarios» y saltan los medios de comunicación y columnistas alineados para fustigar al gobierno y promover marchas «blancas» y caos.
La minería en la mayoría de los casos arrasa con los derechos de los campesinos, agricultores y comunidades urbanas y extraurbanas, así como contamina el acceso a los recursos hídricos, los cuales son cada vez más escasos y en serios procesos de degradación. También contamina por medio de las aguas ácidas y otros desechos químicos, líquidos o sólidos que, asistidos por las lluvias, permean y contaminan los suelos por medio del proceso de lixiviación.
En el caso de las cementeras, la contaminación se da por medio de diferentes medios. Particularmente debe hacerse hincapié en el uso de los reactivos químicos para las explosiones, los cuales dejan millones de partículas sólidas y gaseosas en suspensión en el aire, partículas que se esparcen y viajan para asentarse en sitios insospechados. Estas partículas pasan a los sistemas respiratorios de humanos y animales, provocando graves enfermedades, incluso cancerígenas, especialmente en niños y ancianos y… en San Juan Sacatepéquez también sopla el viento.
El asbesto, utilizado en la fabricación del cemento es doblemente peligroso, ya que no sólo constituye un potente tóxico pulmonar sino que también ejerce un fuerte efecto potenciador de otros factores carcinogénicos. La exposición al asbesto es más común en su extracción y procesamiento, así como en el uso y fabricación de materiales de construcción y demolición de estructuras que lo contienen.
¿Quién pagará la factura hospitalaria de las futuras víctimas? ¿Quién se responsabilizará por los múltiples asesinatos anunciados? ¿Qué dirá el Estudio de Impacto Ambiental al respecto?