Consumidos por el fuego


Siempre he creí­do que una de las formas más despiadadas y cruel para morir es carbonizado por las llamas. Es difí­cil imaginarse la agoní­a que siente la ví­ctima cuando es rodeado por el fuego, no puede siquiera ver cómo su cuerpo es calcinado porque a los pocos segundos de que su cuerpo entra en contacto con el fuego, sus pupilas son de los primeros órganos que estallan.

Eswin Quiñónez
eswinq@lahora.com.gt

Se va consumiendo poco a poco la piel, el cabello, las manos, los hombros, los labios, las uñas; después de un tiempo el dolor asfixiante dejan de manifestarse pues las conexiones nerviosas se achicharran mientras el cuerpo termina enjutado frente a los espectadores, si es que los hay. No hay quien salga con vida de tal hoguera, sobrevivir es un milagro, y una maldición permanente para el resto de la vida.

Si llegase a morir por un accidente, me gustarí­a que fuese por obra de la naturaleza, sin dolor ni agoní­a. Y es que morir quemado es de las peores muertes, las otras son para mí­, ahogarse, la sed, y el hambre (de ésta última ya hay muchos casos en Guatemala). Aunque en el paí­s morir quemado ya ha dejado de ser un accidente convirtiéndose en una mera diversión de la mente criminal, la guinda de una ejecución perfecta. La vemos con frecuencia. El sábado pasado un escuadrón de limpieza social decidió eliminar a un hombre señalado de secuestro y de acoso a la población de Palí­n. Lo sacaron de su casa, no negociaron, la sentencia social estaba consumada, los disparos no fueron suficientes para asegurarse que no saldrí­a con vida y con gasolina y un fósforo le prendieron fuego hasta que su carne sacó ese terrible olor a carne humana asada.

Ese mismo dí­a, en el oriente del paí­s, un autobús era incendiado con 16 personas a bordo. La mayorí­a nicaragí¼enses que vení­an al paí­s en plan turista-laboral. Sus cuerpos quedaron irreconocibles, plasmando una postal de Guatemala para los extranjeros que cada vez se alejan de visitar estas tierras de salvajismo. Si es que se querí­a superar el trauma desatado por la matanza de los tres diputados salvadoreños y su piloto, ahora con este nuevo hecho, las cosas en lugar de mejorar han empeorado, poniendo al paí­s en una situación verdaderamente crí­tica en cuanto a la debilidad del Estado para proteger a su población y a la visitante.

Una chilena escribió ayer un comentario en el sitio web de Lahora.com.gt, expresando su desazón sobre sus frustradas intenciones de hacer turismo aquí­. «Guatemala es un paí­s hermoso, y con muchos lugares turí­sticos, pero me da miedo viajar, y ahora más», fueron sus palabras secundadas por otras personas que desde lejos nos ven como salvajes. Y no los culpo. Ese mensaje poco alentador y plasmado con el fuego de que en este paí­s «lo que no se quiere se quema».