Se engañan quienes conmemoran la firma de la paz porque la paz no se firma sino se construye día a día con actitudes que eliminen efectivamente las causas del conflicto. En los quince años que han transcurrido desde que el gobierno de Arzú y la comandancia guerrillera estamparon sendas firmas en los acuerdos, los mismos no han sido efectivamente implementados y de ellos simplemente se concretó el cese al fuego y la inserción de los guerrilleros a la vida política con la formación del fracasado partido.
Un antiguo funcionario de la ONU, Juan Pablo Corlazolli, dijo hace años que Guatemala era un país que sin haber superado su post conflicto ya estaba viviendo condiciones pre conflicto. Y no son sólo las disputas ideológicas que cobran vuelo ahora que la maquinaria de la justicia se pone en marcha para juzgar crímenes cometidos durante la guerra, sino de las condiciones objetivas que dieron lugar al enfrentamiento, puesto que seguimos siendo un país sin justicia social y con demasiadas exclusiones, lo que genera la tensión que produce una guerra.
Arzú y los comandantes guerrilleros secuestraron los acuerdos de paz y al declararse ellos “Las Partesâ€, arrebataron al pueblo la oportunidad de adueñarse de ellos para implementarlos con una fuerte presión social. La construcción de la paz no podía depender de un movimiento guerrillero fracasado y derrotado militarmente ni de un Ejército derrotado políticamente con un gobierno plagado de arrogancia. No creemos que fuera casual ni accidental que se manoseara de tal forma la reforma constitucional propuesta para implementar los acuerdos como para que la misma fuera rechazada en la consulta popular, puesto que nunca se mantuvo únicamente la agenda de la paz en la propuesta sino que el manoseo creó un mamotreto que el pueblo no se podía tragar.
Pero los Acuerdos de Paz siguen siendo un norte, el esbozo de un proyecto de Nación del que carecemos los guatemaltecos y lo que hace falta es que tengamos un gobierno que los adopte como eje de la articulación de los grandes acuerdos nacionales. Un gobierno como el de Colom, que se dijo socialdemócrata, tuvo la oportunidad de hacerlo pero se empantanó en el impulso a la inviable e inconstitucional candidatura de la mujer del Presidente.
Hoy hemos escuchado al Presidente electo hablar con más conocimiento y seriedad sobre el proceso de paz en el que fue uno de los firmantes de los acuerdos. Tal vez como ironía para muchos civiles, sea el gobierno dirigido por un general del Ejército el que haga realidad el impulso a la verdadera construcción de la paz, lejos de la fantasía que hoy celebra con pompa Arzú frente a su reducto municipal.
Minutero:
La experiencia nos confirma
que la paz hay que construirla;
no nos basta con la firma
sino con trabajo pulirla