Consideraciones sobre la justicia universal


Hay que empezar diciendo que uno de los valores fundamentales de la humanidad tiene que ser la justicia, en términos generales y absolutos, sin muchos apelativos que la vayan condicionando. Justicia es justicia por donde quiera que se le vea, pero ya que se habla de distintas formas de administrar la justicia y que recientemente estuvo en Guatemala una funcionaria española para explicar las razones por las cuales su paí­s promueve el concepto de justicia universal, vale la pena hacer algunas consideraciones al respecto.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Yo creo que serí­a ideal que se aplicara en forma correcta el concepto porque ello permitirí­a, por ejemplo, que un paí­s pequeño como Guatemala hiciera valer el sentido y la letra de la Carta de Naciones Unidas en cuanto a regular las funciones del Consejo de Seguridad y el uso de la fuerza para prevenir o terminar conflictos, juzgando a quienes se pasan al sistema de las Naciones Unidas por el arco del triunfo. Luego de haber mandado al chorizo al Consejo de Seguridad cuando lanzaron la guerra «preventiva» contra Irak para buscar armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, debieran estar sentados en el banquillo de la justicia universal los señores Bush, Blair y Aznar, responsables de una de las más sangrientas guerras de los últimos tiempos que ha costado la vida no sólo a miles de soldados de la fuerza invasora, sino que también a decenas de miles de iraquí­es.

Pero yo estoy seguro que si un juzgado de Guatemala enviara a España una solicitud para la captura del señor Aznar para ser deportado y juzgado en nuestro paí­s, los españoles en su conjunto soltarí­an una estruendosa carcajada. A cuenta de qué un paisito como el nuestro va a meterse a juzgar decisiones que competen a cada uno de los tres Estados que decidieron mandar al chorizo a la ONU e invadir Irak para buscar, sin éxito, armas de destrucción masiva. Pero si realmente existiera la justicia universal como la pregonan algunos españoles, hasta estos pequeños paí­ses de lo que ellos mal llaman Iberoamérica podrí­an y debieran extender el largo brazo de la ley para juzgar a los responsables de crí­menes de lesa humanidad que cobran cientos de miles de vidas.

Yo, personalmente, me sentirí­a muy contento de que, como cuando uno intercambiaba estampitas, diéramos a Rí­os Montt a cambio de Aznar porque, al fin y al cabo, ambos deben ayotes por todos lados y serí­a bueno que pagaran por ello. Cierto es que en España una especie de justicia popular mandó al diablo al Presidente del Gobierno que contra la opinión de su pueblo se metió en una guerra tan absurda, pero eso no devolverá la vida a los miles de habitantes de Irak que han muerto luego de lo que significó esa invasión en la que fue parte importante el gobierno de España.

Pero lo que no se vale, creo yo, es que en eso de la justicia universal vuelva a manifestarse el viejo colonialismo y que sólo la metrópoli tenga el derecho de juzgar a los súbditos de las neocolonias dominadas por el imperialismo económico que se ha adueñado de las empresas de los servicios públicos en estas regiones. El principio básico de la justicia es el de la igualdad y por lo tanto idéntico derecho tendrí­amos a juzgar nosotros, si es que acaso aquí­ hubiera alguien con las agallas para iniciar un proceso de tal magnitud en contra de los criminales de guerra.

Por ello es que pienso que sobre el tema vale la pena ahondar pues no se trata de simplemente escuchar una versión. La justicia tiene como punto de partida la absoluta igualdad y eso es algo que no se presenta en esa visión tan peculiar que se nos está tratando de vender.