Me costó mucho decidirme dejar a un lado el comentario político o cultural, para dar paso a este texto, que me deja en una posición incómoda, pues quien se anima a aconsejar, es porque cree tener la verdad, y yo no he deseado tanto mal para mí.
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Sin embargo, me preocupa sinceramente la crisis vocacional en Guatemala, que provoca una crisis laboral y, en consecuencia, el alto índice de frustración social.
Recuerdo que recién graduado de bachiller tenía como criterio elegir mi carrera, según la oferta laboral y la alta remuneración. Sin pensarlo mucho elegí la Ingeniería, olvidándome que en los exámenes vocacionales yo había admitido estar atraído por las Letras o la Biología. El examen de aptitudes, donde las aptitudes físicas, espaciales y abstractas habían salido más altas, me animaron a elegir la carrera.
Pese a mis ambiciones de un buen sueldo, un buen carro y una casa propia, siempre añoré estudiar Letras. Y cuando tenía bien avanzada la Ingeniería, decidí estudiar simultáneamente las dos carreras. Un cambio en mi destino me hizo que desde hace varios años trabaje en el área de las Letras.
Estudiar y trabajar en el campo de la Ingeniería, es muy frustrante para mí, porque no me gusta del todo. La paga es mejor, pero, no debemos engañarnos: el dinero viene y va, sin importar cuánto hagamos por retenerlo.
Trabajar en lo que no nos gusta es frustrante; esto nos provoca laborar sin pasión, y esto causa profesionales mediocres, lo cual hace un daño terrible al país.
Por eso aconsejo a los jóvenes recién graduados, quienes por estas fechas deben de estar inscribiéndose en las universidades, que evalúen en qué área invierten más su pasión. Habitualmente, nuestros juegos infantiles nos pueden dar la clave de esto. No se dejen llevar por esas orientaciones vocacionales de las universidades, que sólo buscan atraer estudiantes, pero no para formar profesionales, sino para llenarse la bolsa, y crear autómatas y tecnócratas que estén al servicio de las empresas y no del país.
Actualmente, existe una buena diversidad de carreras, incluso algunas con un alto grado de especialización, como las Licenciaturas en Danza, Escultura, Piano, Diseño de Moda, Teología, etc., que hace años no existían. Esta especialización es atrayente, pero, como escribió Rodó, no hay que enfocarse en la especialización, porque esto no nos permite conocer en su totalidad al mundo; una buena carrera siempre tiene otras materias de área común (en especial, Historia, Matemática y Lingí¼ística).
Debo recordar la enorme importancia de las Humanidades, pues éstas casi desaparecen por la escasa afluencia, hecho explicado por el sistema neoliberal, que sólo solicitan tecnócratas, y no personas que piensen y se preocupen por el ser humano. No rechazo a quienes deseen estudiar Ingeniería, Auditoría o Administración, siempre y cuando esto realmente les apasione.
Porque si no tenemos pasión, no podemos ser buenos profesionales. La pasión nos hace esforzarnos, mejorar nuestro trabajo, trabajar horas extras, incluso dedicarle más tiempo; pero si no nos gusta, ni porque nos paguen lo hacemos con gusto.
No tengan miedo en elegir una carrera que tiene poca afluencia; la sociedad necesita de todos los conocimientos. Necesitamos más Antropólogos, Musicólogos, Biólogos, Ambientalistas, Filósofos, Economistas, y menos mediocres que no se esmeran porque simplemente no les gusta lo que hacen. De esa cuenta, resulta que hay periodistas, que trabajan como editores de Economía en diarios neoliberales, y comentan con torpeza sobre literatura: ¡qué frustración!
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