El sábado 18 de noviembre de 2006 se inició la publicación de mi traducción, en una serie de cuatro entregas, denominada «Tráfico de niños guatemaltecos en NY Times», en la columna Arcoíris en el prestigioso Diario La Hora y finalizó en la edición del 14 de diciembre de 2007.
Es de hacer notar que antes de que el tema saliera a luz abiertamente en su realidad, quien aparecía en fotografías atinentes a la cuestión, exhibiendo las adopciones como un trabajo social ante los diferentes medios de comunicación, era Wendy Widman de Berger, la esposa del entonces presidente de la República. Podía observarse, entonces, en hoteles capitalinos a esposas de funcionarios de ese gobierno y a mujeres guatemaltecas de familias sumamente adineradas, cargando niños morenitos y regordetes conversando con gran camaradería con mujeres guatemaltecas de muy baja condición social y económica y con parejas evidentemente extranjeras.
Era obvio que el multimillonario «negocio de adopciones» estaba en plena marcha y, como publicó el New York Times: Guatemala se convirtió en una finca o granja de crianza de niños para exportarlos como si fueran commodities -productos-.
La advertencia sobre ese grave estigma adicional que se le ponía encima a Guatemala, se dio a través de esta columna en el Diario La Hora. El «negocio», aparentemente se inició en los altos círculos presidenciales y siguió realizándose hasta el final del período presidencial de í“scar Rafael Berger Perdomo.
Lo que hace patente lo turbio del «negocio» es que í“scar Berger, por obvia razón de sumo interés, dejó designados de una manera irregular o ilegal a los integrantes del Consejo Nacional de Adopciones, Marvin Rabanales y Anabella Morfín, el once de enero de 2008, cuatro días antes de entregar éste la presidencia de la República al Ing. ílvaro Colom. El presidente de la República, ílvaro Colom, dejó sin efecto los nombramientos realizados por Berger y nombró a las abogadas Norma Robles y Concha Marily Barrientos para esos puestos. Las personas nombradas por í“scar Berger pegaron el grito en el cielo y presentaron un amparo ante la Corte Suprema de Justicia contra Haroldo Rodas, nuevo ministro de Relaciones Exteriores. La Corte temporalmente avaló el amparo. Veamos qué ocurre.
Mientras tanto, puede aseverarse que la obra social de la esposa del entonces presidente Berger, no era más que una maniobra a todas luces ilegal, en virtud de que el Convenio de La Haya sobre Adopciones Internacionales ya estaba técnicamente vigente en Guatemala.
En publicación del abogado Rodolfo Rohrmoser V., ex magistrado de la Corte de Constitucionalidad, en el Diario La Hora, Sección Opinión, Pág. 15 del 5 de diciembre de 2006 dice en su introducción, refiriéndose al Convenio de La Haya sobre Adopciones Internacionales: «En su día, el Congreso de la República aprobó dicho Convenio y seguidamente el Presidente se adhirió al mismo. Se utilizó esa vía, ya que como no fue suscrito en su oportunidad por Guatemala, la única forma de acceso a él era mediante el instituto de la adhesión. í‰sta se llevó a cabo y de esa manera, dicho instrumento internacional hizo su ingreso legal, tanto al Derecho Interno como al Derecho Internacional…»
Berger y su desgobierno debieron respetar la adhesión al Convenio con óptica legal y ética y esperar su legislación. Pero probado está que ética es palabra ajena al mentiroso léxico de Berger. Lástima por Guatemala?