Conjura contra recatados padres de la patria


A mí­ me da la impresión que existe una especie de conjura contra los padres de la patria, sobre todo de parte de algunos medios impresos, porque casi no falta dí­a en que no se publique algún señalamiento o determinada acusación sin fundamento contra cualquiera de los legisladores, independientemente de la bancada en la que están integrados.

Eduardo Villatoro

Pero lo que me llama la atención es que los diputados y diputadas, como se estila escribir y hablar en esta época para no aparecer como redomado machista, ni siquiera pueden disfrutar de bebidas y manjares de su predilección, que no falta un reportero metiche que está presto a sacarle los trapitos al sol a los y las parlamentarios y arias.

Para ser más preciso, fí­jese usted que el periodista Leonardo Cereser se ensañó contra un grupo de legisladores, puesto que el pasado viernes 27 de agosto en Prensa Libre puso en duda el recato y la honestidad de distinguidos dignatarios, al darle crédito a informaciones un tanto tendenciosas del robusto titular de la Controlarí­a General de Cuentas, don Carlos Mencos.

Según la versión relativamente inverosí­mil del reportero, 23 talentosos diputados que han integrado la Junta Directiva del Congreso de la República y jefes de bloques, incluyendo a una que otra dama de intachable conducta, durante el perí­odo comprendido de 2008 al año en curso, han sembrado la duda de los auditores de la CGC respecto a los gastos en que incurrieron, toda vez que «no creen en la justificación de la erogación», como si pudieran ponerse en tela de juicio los actos de aquellos polí­ticos que a base de esfuerzo, lágrimas y sudor de sobacos y canillas lograron alcanzar una curul para atender las apremiantes necesidades de este pueblo tan desmemoriado e ingrato que los eligió.

Imagí­nese usted que el diputado Eduardo Meyer, sí­, el mismo al que implicaron en un pequeño desví­o de apenas 83 millones de quetzales cuando era presidente del Honorable, ya ni siquiera puede saborear mariscos que la Contralorí­a le cae de a romplón, porque el gasto fue de Q7,235. Igual suerte corrió el veterano representante del distrito electoral de Escuintla Arí­stides Crespo y por la misma suma, en vista de que se le dio por comprar bolsirrefrescos, que sepa el pobre Judas de qué se trata, pero así­ está consignado en el reporte de prensa.

Al carismático y sombrerudo Pablo Duarte, rifle al hombro, se le señala maliciosamente que durante un fin de semana que no se precisa, pero que fue en 2008, tuvo tal voraz apetito que se gastó un poquito de más de mil quetzales en lomito, leche, frijoles, huevos y cilantro (supongo que para aderezar su desayuno o almuerzo); mientras que al refinado don Iván Arévalo, crecido en las montañas de Totonicapán, compró vino de marca Alión, reserva 2000.

Siempre de acuerdo con esa campaña de desprestigio, el muy conocido en su casa de habitación y anexos Julio Recinos tuvo la generosidad de gastarse Q10,188 en comestibles y bebidas durante un par de dí­as del año antepasado, mientras que al congresista Jorge Mario Barrios se le apetecieron alimentos en ignorado dí­a de 2009 por la suma de Q7,.376, y a la opositora diputada Roxana Baldetti se le endosa una factura de Q502.43 por la compra de inofensivas galletas, pegajosos chicles, jugosas uvas y anodina agua pura, señalamiento que la legisladora ha rechazado.

Lo que no tomaron en cuenta estos congresistas es que el pisto no salió de sus chequeras o tarjetas de crédito, sino que los gastos fueron cargados al presupuesto del Honorable. ¡Vaya, pues!