Conflictos con programa nuclear


El próximo presidente de Irán, que podrí­a ser conocido mañana mismo, dí­a de las elecciones, se las verá en polí­tica exterior con los gestos de apertura de su homólogo norteamericano Barack Obama y con una presión creciente para que su paí­s cese su programa nuclear.


Pero en los hechos, el nuevo mandatario encarnará una polí­tica exterior determinada principalmente por el lí­der supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

«Lo esencial de la polí­tica exterior iraní­ después de las elecciones girará en torno a la respuesta que se dará a Obama y a la gestión de las discusiones sobre la cuestión nuclear con las grandes potencias», dijo el analista polí­tico, Mashaallah Shamsolvaezin.

La tarea del presidente ultraconservador Mahmud Ahmadinejad se habí­a visto simplificada hasta ahora por el tono ofensivo del gobierno de George W. Bush, que puso a Irán en su «eje del mal».

«Era fácil para Irán criticar a Estados Unidos», dijo el analista, «pero las cosas han cambiado con Obama», quien poco después de asumir el cargo en enero tendió la mano a Irán, a condición de que «afloje el puño.»

«Entre los dirigentes iraní­es hay quienes creen que Obama puede en caso de necesidad unir al mundo contra Irán, por lo que habrí­a que resolver todos contenciosos con Washington durante su mandato», dijo el analista.

Obama acaba de hacer un gesto importante a la intención de Teherán, al reconocer hoy la responsabilidad de Estados Unidos en el golpe de estado que derrocó, en 1953, al primer ministro iraní­ Mohammad Mossadegh.

Irán por su parte participó, a invitación de Estados Unidos, en una conferencia sobre la seguridad en Afganistán, en La Haya, el 31 de marzo.

«Irán busca una rivalidad mejor administrada, regulada y respetuosa» con Washington, escribió recientemente el investigador Frederic Tellier, en un informe del International Crisis Group.

Este diálogo deberá abarcar «los temas bilaterales y regionales» y se centrará en «una cooperación en cuestiones regionales», aunque aceptando «la realidad persistente de las diferencias profunda y una competencia estratégicas» entre ambos protagonistas.

Estados Unidos acusa a Irán de desestabilizar la región, al ayudar a los libaneses de Hezbolá, al Hamas palestino y a los extremistas chií­tas en Irak.

Teherán, por su parte, considera que la presencia de las fuerzas de Estados Unidos en el Golfo, Irak y Afganistán es el principal factor de inestabilidad.

De otro lado, las sospechas que pesan sobre el programa nuclear irnaí­ serán el segundo factor mayor de fricción.

Irán ha desarrollado su programa de enriquecimiento de uranio pese a varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que le exigí­an su suspensión.

«No creo que la República Islámica esté dispuesta a transigir en la cuestión nuclear, sea quien sea el presidente, dijo Mohammad Marandi, jefe de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Teherán.

Según Shamsolvaezin, Irán jugará en este caso con la convicción de que Washington lo necesita para estabilizar la situación en Irak y Afganistán.

«Creo que Irán pedirá a Estados Unidos participar en un consorcio internacional para producir uranio enriquecido» en su territorio, dijo.

Esta idea de Teherán remonta a mayo de 2008, pero nunca encontraron compradores en el campo occidental.

Shamsolvaezin no ha descartado un aumento de la tensión si Washington «tiene el propósito de herir a Irán con nuevas sanciones.

«Si ellos (los estadounidenses) decidió utilizar todos los medios posibles, Irán hará lo mismo», advirtió.