Conflicto por jubilaciones llega a su fin


Trabajadores de una refinerí­a votan para decidir si continuarán con las acciones de protesta. La reforma jubilatoria ya fue aprobada, pero tendrá un alto costo polí­tico para el oficialismo. AFP

El final del conflicto en Francia por la reforma de la jubilación impulsada por el presidente conservador Nicolas Sarkozy se confirmaba el viernes con el cese paulatino de la huelga en las refinerí­as, pero deja un profundo descontento de cara a las presidenciales de 2012.


«Todas las plantas deberí­an haber puesto fin al movimiento (el viernes) en la tarde», indicó un portavoz de la petrolera francesa Total que controla seis de las 12 refinerí­as del paí­s, cuya entrada en huelga a mediados de octubre marcó el endurecimiento del conflicto entre el gobierno y los sindicatos contra una reforma que consideran «injusta».

La reforma aprobada el miércoles de forma definitiva por el Parlamento francés, que el presidente Sarkozy deberí­a promulgar antes de fines de noviembre, elevará de 60 a 62 años la edad mí­nima de jubilación, de 65 a 67 años la edad para cobrar una pensión completa y aumentará de 40,5 a 41,3 los años de aportes.

La huelga en las refinerí­as -las otras seis pertenecen a compañí­as extranjeras- y el bloqueo de depósitos de combustible -unos veinte de 219- hizo temer la parálisis del paí­s en el momento más tenso del conflicto debido a la escasez de combustible en las gasolineras.

«El 85% de las 12.300 estaciones de servicio funcionan», afirmó ayer el gobierno, que esta semana evaluó «entre 200 y 400 millones de euros diarios» las pérdidas diarias ocasionadas por las huelgas, que también afectaron al tráfico ferroviario y aéreo.

La Unión Francesa des Industrias Petroleras (UFIP) habló el viernes de un costo en el sector de «cientos de millones de euros».

La dirigencia sindical, en cambio, hizo hincapié en el «costo» de la huelga en el bolsillos de los trabajadores según Bernard Thibault, lí­der de la CGT, primera central obrera, y en las «marcas profundas» que dejará este conflicto tras siete jornadas nacionales de manifestaciones que en apogeo movilizaron en un dí­a a un récord de 3,5 millones de personas (1,2 millones según la policí­a).

«Esto dejará marcas profundas», coincidió el viernes el secretario general de Fuerza Obrera, tercer sindicato de Francia, Jean Claude Mailly.

Un análisis similar hizo su homólogo de la CFDT (reformista), segundo sindicato de Francia, Francois Chereque. «No hemos logrado hacer retroceder al gobierno en la edad mí­nima» de la jubilación, «pero esta marcha forzada dejará huellas», advirtió ese dirigente al diario Le Parisien.

La mayorí­a gobernante de derecha (UMP) insistió a través de su portavoz adjunto, Dominique Paillé, en que esta reforma «indispensable» dejó «la satisfacción de la tarea cumplida» y la reivindicó como «una victoria para toda la población».

El primer ministro francés, Francois Fillon, cuya permanencia en el gobierno apoya el 51% de los franceses en una próxima remodelación de gabinete que tiene a la derecha en el poder en vilo, llamó a «salir de la crisis con responsabilidad» sin referirse a un diálogo reclamado por los sindicatos.

«Al cerrar la puerta a una verdadera negociación sobre un asunto tan emblemático como la jubilación, el jefe de Estado perdió probablemente la batalla del diálogo social», afirma el viernes en su editorial el diario Le Monde.

La aprobación de esta polémica reforma, en la que muchos ven un gesto hacia los mercados para preservar la calificación financiera de Francia debilitada por la crisis financiera de 2008, es una «victoria polí­tica» para Sarkozy que desde hace meses atraviesa su periodo de más baja popularidad, dice ese periódico, antes de advertir que el precio de la victoria «podrí­a ser muy alto».