La Diócesis de San Marcos indicó esta mañana que la conflictividad ambiental y agraria tiene raíces profundas como la disputa por los recursos naturales, siendo el agua uno de estos.
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Actualmente, los usos de consumismo del agua representan menos de la cuarta parte de la oferta hídrica disponible, el 37 por ciento del líquido usado es para la industria y agroindustria, y el 24 por ciento para generación de energía eléctrica, en comparación los hogares solo consumen el 2 por ciento del agua a la vez que «la contaminación de los principales ríos y lagos limita la disponibilidad real del agua».
Según la Diócesis existen varios problemas en relación con el agua, uno de ellos es la alteración del cauce de los ríos por medio de dragados no autorizados, que solo corresponden a intereses en la producción de la palma africana, así como la contaminación de los ríos con desechos y de procesos agroindustriales no debidamente tratados que afectan a la población en general.
Por un lado se demuestran actuaciones ilegales, según disposiciones vigentes en la normativa guatemalteca, pasibles de penalización o sanciones administrativas, así como la debilidad institucional que favorece a quienes violan estas disposiciones, que muchas veces los hechos no son perseguidos, quedándose en impunidad ambiental denuncia la Diócesis, en su revista “hacia dónde vamos, conflictividad agraria, ambiental y laboral, una mirada desde el campesinado”.
Además, señala que los datos nacionales todavía indican que por el momento los volúmenes de anuales de consumo de agua son inferiores a los disponibles, la distribución y consumo nacional nos son iguales en todo el territorio nacional. Un número considerable de municipios en el denominado “corredor seco” sufre en la actualidad por la falta de agua.