Conflictividad a la vista


Editorial_LH

Guatemala es un país cuyo pueblo se puede reputar como tranquilo, condescendiente y muy aguantador, pero en determinadas circunstancias de nuestra historia esa forma apacible de tolerarlo todo desaparece y por cuestiones muy diversas se producen momentos de conflictividad que provocan confrontaciones que en algunos casos han llegado a ser extremas. Ante eso podemos estar ahora cuando vemos en el horizonte algunos signos que tienen que servirnos para atajar posibles enfrentamientos.


El tema agrario sigue siendo uno de los puntos medulares de cualquier conflicto y sin duda que estará presente en caso de que se presenten complicaciones de diferente tipo. Sobre todo si las mismas tienen que ver con uno de los reclamos que hacen las organizaciones campesinas y que está vinculado con la minería. Los acontecimientos de ayer en San Rafael Las Flores son una muestra preocupante de lo difícil que resulta el manejo de ciertos temas y la absoluta necesidad de implementar mecanismos de comunicación ágiles y eficientes. Entendiendo, desde luego, que comunicación no significa nada más comunicarle a la otra parte, sino que implica por necesidad un diálogo serio y respetuoso.
 
  Ayer el mismo encargado del tema de la conflictividad en el Gobierno decía que la mina no tiene aún licencia de explotación, pero los campesinos que la adversan actuaron porque creyeron que la llegada de más materiales era para iniciar de inmediato la extracción de minerales que ellos objetan. Otro conflicto parecido se vive más al nor –oriente de esa mina, con el agregado de que hay población salvadoreña criticando la posible contaminación que pueden sufrir por el cianuro que usarán en territorio fronterizo para extraer oro.
 
  Por si ello fuera poco, los próximos días veremos enfrentamientos entre estudiantes y autoridades por la decisión de reformar la carrera del magisterio sin tomar en cuenta las observaciones de los alumnos. La decisión fue tomada y punto. Ese es, al menos, el mensaje que se envía a la población. Reconocemos que en Guatemala hace falta que las autoridades tomen decisiones luego de varios gobiernos de paños tibios en los que no hubo ni siquiera unidad de mando, pero hay que distinguir entre lo que es ejercer la autoridad y el actuar con autoritarismo. La línea que divide ambos procederes es muy delgada y no siempre se observa.
 
  Menudo trabajo espera en estos días al licenciado Miguel Ángel Balcárcel, encomendado por el Gobierno para actuar en previsión de conflictos porque, sin duda, estamos frente a una especie de olla de presión. Tantos años de sometimiento e indiferencia pueden terminar por donde uno menos se lo imagina. Así lo demuestra nuestra historia.

Minutero
Confiar en la Contraloría
es una gran tontería;
Vivar lleva robando
lo que ellos ignorando