«Hemos lanzado una operación en Jani Jel», un pueblo del distrito de Banu, que se encuentra a proximidad de las zonas tribales semiautónomas de Waziristan del Norte y del Sur, declaró un responsable militar paquistaní que pidió el anonimato.
«Utilizamos la artillería y helicópteros de combate para bombardear las posiciones rebeldes», añadió, precisando que «decenas de rebeldes murieron», sin dar más detalles.
Según la policía, la operación fue lanzada después de conversaciones entre jefes tribales y el gobierno paquistaní, que les pedía la entrega de los talibanes responsables del secuestro de decenas de estudiantes en mayo.
«Las fuerzas militares bombardearon los feudos rebeldes durante toda la noche y esta mañana en la zona de Jani Jel», dijo a la AFP un jefe de la policía local, Jalil Zaman, precisando que las autoridades decretaron el toque de queda en algunas zonas.
Según otros responsables, una veintena de rebeldes murieron en los bombardeos y la casa de un jefe talibán fue destruida.
En Banu, una persona murió y dos resultaron heridas por un cohete disparado por los rebeldes.
El martes, el Ejército paquistaní había desmentido oficialmente haber lanzado una ofensiva en Banu, aunque ésta había sido confirmada a la AFP por habitantes de la zona y responsables locales, entre ellos de la policía.
Centenares de talibanes y de miembros de la red Al Qaida se refugiaron en las zonas tribales de Pakistán tras el derrocamiento del régimen talibán en el vecino Afganistán por una coalición liderada por Estados Unidos, a fines de 2001.
Desde entonces, los islamistas radicales extendieron su influencia al este de las zonas tribales, hasta el valle de Swat, y se acercaron a Islamabad, la capital de Pakistán.
Los talibanes advirtieron varias veces que intensificarían su campaña de atentados para vengar a los muertos en la ofensiva de las Fuerzas Armadas paquistaníes.
Siete atentados fueron perpetrados en un mes en Peshawar (noroeste). El último dejó al menos 18 muertos y 57 heridos, al estrellarse el martes un camión cargado con 500 kilos de explosivos contra un hotel cinco estrellas de esa ciudad.
Dos víctimas eran empleadas de la ONU: el serbio Aleksandar Vorkapic, del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y la filipina Perseveranda So, que trabajaba para UNICEF, precisó la ONU en un comunicado.
El secretario general de la ONU, Ban ki-Moon, condenó enérgicamente el atentado y se declaró «entristecido por el gran número de muertos».