La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, inició ayer una breve visita a Colombia para impulsar un tratado de libre comercio (TLC), aunque también abordaría la crisis diplomática con Venezuela y el tema de los rehenes de las FARC.
Rice, quien señaló en el avión que la llevó a Colombia que buscaba dar el respaldo de su gobierno a uno de sus principales aliados en Latinoamérica, llegó pasadas las 15:00 (hora de Guatemala) al aeropuerto Rionegro que sirve a Medellín (450 km al noroeste de Bogotá).
De inmediato se trasladó a un exclusivo hotel en medio de un severo dispositivo de seguridad que incluyó una caravana de diez vehículos blindados, una ambulancia y un helicóptero.
La canciller estadounidense vino en compañía de nueve congresistas demócratas, en un nuevo intento de los dos gobiernos para que esa bancada apruebe el TLC, al que se opone argumentando violaciones de derechos humanos a sindicalistas y profesores.
En efecto, poco después de llegar, la delegación estadounidense se reunió con un grupo de dirigentes sindicales, opuestos al TLC.
Carlos Rodríguez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), dijo a periodistas tras la reunión, que recordó a Rice que en 2007 fueron asesinados 40 dirigentes sindicales en Colombia, para llevar a 2.574 los sindicalistas muertos violentamente en los últimos 22 años.
El dirigente sindical también rebatió un señalamiento de Rice, que afirmó que el gobierno de Alvaro Uribe cumple a cabalidad con las normas laborales: «en Colombia no se pueden crear sindicatos, el gobierno niega recomendaciones de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en materia laboral y las desconoce».
Poco después, Rice dijo ante un grupo de cien empresarios que el TLC ayudará a la «justicia social» en Colombia.
«Comprendemos que un acuerdo de libre comercio no es una garantía de justicia social, pero estamos convencidos de que con el crecimiento de la actividad económica, el Estado colombiano y la democracia colombiana tendrán mayores recursos para asegurar que se mantenga la justicia social», indicó.
Los dueños de empresas de Medellín pidieron la pronta aprobación del TLC.
«Si no lo aprueban, no entenderemos: somos los más cercanos aliados de Estados Unidos en la región», dijo Guillermo Jaramillo, vicepresidente de la sociedad agroalimentaria Solla.
«Eso nos permitiría reemplazar el intercambio comercial con Venezuela» por uno con Estados Unidos, manifestó por su parte Guillermo Villegas, abogado, que calificó de «amenaza» el gobierno de Hugo Chávez.
La visita de Rice, quien hoy se entrevistará con el presidente Uribe, se suma a una serie de viajes de funcionarios estadounidenses a lo largo de 2007.
La política de Uribe en materia de derechos humanos y los vínculos de varios políticos y congresistas, la mayoría de ellos aliados de Uribe, con paramilitares de extrema derecha, se han convertido en los mayores obstáculos para la aprobación del TLC.
Rice también abordará en Medellín otros asuntos de interés bilateral y regional.
Entre ellos está el caso de Venezuela, luego de que el presidente Chávez anunciara la «congelación» de las relaciones diplomáticas con Colombia, además de solicitar que la comunidad internacional otorgue estatus beligerante a la guerrilla de las FARC.
A comienzos de semana Chávez lanzó duros ataques a Uribe, a quien llamó «triste peón del imperio», luego de que recibiera en Bogotá al zar antidrogas de Estados Unidos John Walters, quien acusó al mandatario venezolano de ser «un facilitador del narcotráfico».
Chávez ha dicho también que existe un complot desde Bogotá, entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, para atentar contra su vida, lo que fue rechazado la semana pasada por el ministro de Defensa Juan Manuel Santos y por el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, almirante Michael Mullen.