Con visión de futuro



Los guatemaltecos estamos sufriendo los efectos de la falta de un eficiente sistema de transporte colectivo, lo que obliga a los habitantes del área metropolitana y de las circunvecinas a gastar sus ahorros en la compra de algún auto particular, lo que incrementa seriamente el tránsito y lo congestiona por toda la ciudad. No ha sido sino ahora, luego de estar en control del Municipio por más de dos décadas, que el equipo polí­tico que rodea al alcalde Arzú emprendió la tarea de construir una modesta primera fase de un sistema de buses articulados en ví­a exclusiva que ha sido bautizado como Transmetro y que está siendo objeto de las primeras pruebas en estos dí­as.

Ojalá, por el bien de la ciudad, que el sistema funcione en contra de lo que han previsto todos los expertos que señalan problemas en su diseño e implementación, así­ como en la naturaleza misma del sistema por estar no sólo basado en buses, sino que además porque se desplaza en plena ví­a pública sacrificando espacio para los autos particulares. Pero lo que tenemos que entender es que hoy estamos pagando el precio de la falta de visión y que aunque se diga que lo que hace falta es continuidad en los proyectos polí­ticos, ello no basta porque no sirve para sustituir a la falta de planificación.

Administrar la ciudad demanda estar haciendo constantes proyecciones de futuro porque los problemas van creciendo de manera exponencial. Si vemos que en Guatemala no tenemos planes para transporte masivo ni para agua potable en el mediano y largo plazo, entenderemos que la visión urbaní­stica es muy pobre porque no estamos enfrentando los grandes desafí­os como el saneamiento y protección del medio ambiente ni estamos ordenando el crecimiento de manera tal que impida la anarquí­a que tanto daño ha hecho en otras ciudades congestionadas del mundo.

Guatemala es una metrópoli de gran tamaño pero aún se puede considerar como una ciudad con problemas que pueden ser resueltos si existe determinación y, sobre todo, una visión de futuro correcta. Por ello es que ahora, cuando vemos lo que está pasando con el tránsito y el transporte, tenemos que sacar provecho de la lección porque eso es resultado de la improvisación y falta de planes de largo plazo. Es momento de ver que dentro de poco hará crisis el agua, el saneamiento, la disposición de la basura, la falta de estacionamientos, entre otras cosas, y que si algún sentido debiera tener la continuidad es para impulsar y ejecutar planes de largo plazo y no sólo acciones que tienen mucho de cosmético. Una sana crí­tica al concepto de administración de la ciudad es necesaria para corregir el rumbo que obviamente hemos equivocado por la ausencia de concepciones urbaní­sticas profundas que apunten a consolidar un plan de desarrollo urbano al menos para el próximo cuarto de siglo.