No se le puede negar creatividad al doctor Eduardo Meyer porque ha impuesto una novedosa moda en el Congreso de la República. Luego de su ejemplo, ahora estamos viendo que el diputado Aníbal Salguero sigue sus pasos y dice, como el titular de este comentario, «con permiso… ya regreso», separándose de sus funciones mientras logra arreglar su situación legal. Y quien conozca la forma en que funciona el sistema de justicia en Guatemala, donde quien tiene medios o conectes logra evadir la acción del Ministerio Público y los tribunales, podemos dar por sentado que tras un receso que pueden considerar como período de vacaciones, los señalados por hechos anómalos van a regresar tranquilos y campantes.
ocmarroq@lahora.com.gt
Porque es cierto que constitucional y moralmente tenemos que honrar la presunción de inocencia que establece que nadie es culpable de un delito hasta que le sea probado en juicio efectuado con apego a todos los formalismos de ley. Pero tan importante y válida como la presunción de inocencia es la presunción de ineficiencia de todo nuestro aparato de justicia y baboso el que crea que en Guatemala se puede tener plena confianza en que un delincuente va a ser castigado con apego a las leyes del país.
Lo que logran los diputados que se apartan del cargo al ser sindicados de algún hecho delictivo es sustraerse de la atención ciudadana y de la presión de la sociedad para que se les aplique el peso de la ley. Y una vez fuera del escrutinio cotidiano, pueden «arreglar su situación» como si tal cosa con la seguridad de que aquí es más fácil que manden al paredón a un ladrón de gallinas a que un ladrón de cuello blanco tenga que parar en la cárcel.
No es un eufemismo eso de que se hacen a un lado para arreglar su situación porque aquí cualquier situación puede, efectivamente, ser compuesta si se saben tocar las teclas correctas y se tienen los recursos suficientes para que cada una de las teclas suene como queremos. Tanto así que luego de ser interrogado por el juez pesquisidor esta semana, el doctor Eduardo Meyer dijo en forma muy tranquila a los periodistas que el primero de agosto estará nuevamente sentado en la poltrona de la presidencia del Congreso porque estima que ya logró el cometido señalado, es decir, que ya pudo arreglar la situación dejando que la acción penal muera porque está dirigida contra dos personas que se hicieron humo y que, por lo tanto, jamás podrán sindicar a quien era su jefe.
Ahora el diputado Salguero se ocupará de arreglar su situación con el argumento de que si hay falsedad en los documentos, al que tienen que procesar es al notario que dio fe de la compraventa y quien autorizó la escritura dirá que él tuvo a la vista una cédula de vecindad en la que aparecía la foto de quien estampó la firma y que da fe, de acuerdo a la autoridad de que está investido, de que coincidían perfectamente los datos del nombre, la foto y la firma de la persona que se apersonó a suscribir el documento. Y los fiscales tendrían que dirigir sus investigaciones a la falsificación de las cédulas de vecindad que resulta siendo el final de cualquier proceso en el que se pone en tela de juicio la fe pública de un notario.
Y, como McArthur y Meyer, volverá porque así es como funcionan las cosas en este nuestro maravilloso país.