Guatemala es un país que tiene mucho de lo que fue Sudáfrica antes de Mandela y se gobierna con criterios de una clase dominante que no entiende ni se preocupa por entender al resto de la población. La reforma al magisterio es un ejemplo de cómo se actúa en este país puesto que la Ministra y su equipo integrado por gente que gira en la órbita de ASIES imponen, con mentalidad de bachilleres, una reforma para los alumnos de magisterio sin ponerse un minuto en los zapatos de los alumnos que están siendo afectados y menos en los de los padres de familia que por años han acariciado el sueño de que alguno de sus hijos termine magisterio en alguna de las escuelas normales.
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A raíz de los acontecimientos de Totonicapán alguien me decía que la mejor evidencia de que se trataba de crear problema y armar alboroto era que, al tema de la electricidad, hayan sumado como causa de la protesta la reforma al magisterio. Qué tienen que ver los indios con ese asunto, me decía esa persona en la forma grosera que se usa en Guatemala para hablar de los indígenas.
Este individuo, como la Ministra y quienes le rodean, forman a sus hijos para ser bachilleres porque ya tienen en la mente la idea de que tendrán que ir a una universidad (privada por supuesto) y consideran el magisterio como una carrera para “losers”. Pero no entienden que para miles de familias, desde que Juan José Arévalo creó las escuelas normales en el interior del país, uno de los sueños más acariciados es que alguno de los hijos complete la formación de magisterio que le abre las puertas para un mundo distinto al del trabajo agrícola de subsistencia.
Es en los sectores populares donde se nutren las escuelas que forman maestros y contadores porque para la gente acomodada basta y sobra el bachillerato para abrirle a los hijos la puerta de la Universidad. Entonces no podemos entender el significado que tiene para miles de familias el que, por el capricho de una Ministra que forma a sus hijos para ser bachilleres, se les niegue la oportunidad a miles de jóvenes en todo el país de concretar el sueño familiar de que alguien se gradúe de maestro.
Nadie se opone a la profesionalización del magisterio, pero eso debe ser un valor agregado al título que ya obtienen. El maestro que se especialice en la Universidad tiene que recibir mejor salario que el que se quedó con el título de segunda enseñanza.
Veamos el ejemplo de Cuba con los médicos. Se les critica porque los que se forman por miles son médicos que no pueden competir con los especialistas ni, siquiera, con los que se gradúan aquí precisamente para formarse como especialistas. Pero son médicos de atención primaria que saben manejar el noventa y nueve por ciento de los casos que se presentan. Cuando un caso se complica, lo mandan con el especialista, pero nadie se queda sin atención. Así debiéramos hacer en Guatemala, formar maestros con los conocimientos básicos para atender a nuestra niñez y enseñarles los rudimentos de la educación en forma masiva.
Ya la San Carlos dijo que no puede atender la demanda que plantea la reforma aprobada caprichosamente por la Ministra. ¿A dónde jocotes piensan entonces mandar a esos miles de jóvenes que estudian o quieren estudiar para ser maestros?
Totonicapán ha sido cuna de muchos maestros por la Escuela Normal que tienen y los padres de familia tenían harta razón para protestar porque una Ministra caprichuda y terca no tiene la capacidad de entender al pueblo.
Por eso es que esta Guatemala tiene tanto parecido con la Sudáfrica anterior a Mandela.