El gobierno no tendrá en realidad dificultad alguna para aprobar tanto el paquete de cambios fiscales, que no se puede calificar como reforma y apenas si alcanzaría para ser una modernización, y el presupuesto general de gastos de la Nación, lo que constituye un hito importante, sobre todo después del llamado que hicieran los empresarios para que no fuera aprobado un nuevo presupuesto para el año próximo, pretendiendo que rija el mismo que está vigente al día de hoy. Algunos observadores diplomáticos consideran de la mayor importancia el que el Congreso de la República, vale decir los políticos del país, actúen con alguna independencia respecto a uno de los grandes poderes fácticos que históricamente han sido decisivos en Guatemala.
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El caso es que el gobierno jugó hábilmente sus cartas en el Congreso, logrando acuerdos importantes con las diferentes bancadas y prácticamente ha quedado aislada la del Partido Patriota porque el resto, con algunas fisuras de poca relevancia, han expresado ya su intención de apoyar el proyecto elaborado por el Ministerio de Finanzas Públicas. Evidentemente el CACIF no sopesó el nivel de acuerdos logrados por la UNE tras la integración de la Junta Directiva del Congreso y se lanzó a una propuesta que resultó cayendo en el vacío, aunque evidentemente tendrá secuelas en términos de las posibilidades de trabajo conjunto en pos de objetivos comunes con el gobierno que se ha resentido de la postura empresarial que rompió con el proceso de diálogo que se venía realizando.
Sin tener una mayoría importante en el Congreso y, peor aún, sin tener un brillante equipo de operadores políticos, el gobierno ha logrado organizar un masivo respaldo en el Organismo Legislativo para aprobar aquellos instrumentos de política económica que más le interesan y eso es en verdad importante. Pero lo que más me llama la atención es que se anuncia una masiva movilización para mañana martes, convocando a sectores de la población para que se manifiesten en respaldo al presupuesto del gobierno, porque ello sería otro cambio importante en la forma en que se producen los acontecimientos políticos en el país y confirmaría que los programas de cohesión social tienen impacto en cuanto a la capacidad de lograr que la población beneficiada se involucre y apoye a las autoridades del gobierno central.
Hasta ahora los gobiernos han tenido siempre muy limitada capacidad de movilización popular para mostrar respaldo a sus propuestas, algo que es totalmente común en la mayoría de democracias, lo que hace que aquí inmediatamente surjan voces de protesta diciendo que se trata de un nuevo día negro, en alusión a lo que ocurrió cuando el FRG movilizó a unos encapuchados para presionar a fin de lograr la inscripción de Ríos Montt. Pero en muchos países del mundo es corriente ver que los ciudadanos que han recibido algunos beneficios políticos se muevan en respaldo de quienes se los propiciaron y ese parece ser el caso actual.
En otras palabras, la aprobación del presupuesto terminaría siendo un pulso entre los empresarios y un gobierno que logra movilizar a importante número de pobladores y ello determinaría un cambio importante en la correlación de fuerzas que hemos tenido en Guatemala. La mejor prueba de todo es que el mismo gobierno de Colom no se esforzó ni intentó articular un acuerdo con los sectores sociales y concentró todo su esfuerzo en convencer al CACIF y negociar con ellos. Cuando el CACIF abandonó los términos del diálogo, Colom buscó otras palancas y, si las encuentra, a lo mejor cambiarán muchas cosas para el futuro.