Con Gana perderemos todos (Primera parte)


Hace cuatro años, al iniciarse la campaña electoral, acuñé la frase que encabeza este trabajo. Los años de la administración Berger- Stein, el par de pí­caros que nos gobernaron, superaron por mucho las expectativas que de ellos se tuvieron. El pobre diablo que fungiera como presidente fue manejado por la insana inteligencia de quien, sirviente haciéndose pasar por «izquierdista», se encargó de manipular las cuerdas del poder para estafar, robar, engañar y entregar el paí­s a los intereses extranjeros. Y haciendo uso de esa torcida inteligencia, engañando a su sucesor, dejó la administración con llaves y con candados que les impidan poder satisfacer las necesidades que los guatemaltecos esperan. Estos cuatro años serán difí­ciles y más difí­ciles cuando las ennegrecidas nubes de la economí­a mundial se ciernen con su amenaza sobre nuestro suelo. Dada la importancia de lo escrito y lo pasado republico el análisis de ayer, que hoy no ha sufrido cambio.

Carlos E. Wer

«La reforma a la administración de la justicia, el fortalecimiento del estado de derecho, la separación de poderes, la reforma al sistema de justicia militar, pago de indemnización a familias ví­ctimas del conflicto armado (no porque no sea justo, sino ¿por qué debemos de pagar los guatemaltecos por la guerra que los Estados Unidos creó en nuestra tierra?); reforma a la Ley Electoral, poner en marcha mecanismos necesarios y transparentes para ejercer un control civil apropiado de las actividades de los organismos de inteligencia, reformas de la Fuerzas Armadas, etc. son apenas algunas de las «recomendaciones-exigencias» que la Organización de Estados Americanos, OEA, impone a los paí­ses latinoamericanos, encubriendo los intereses de la oligarquí­a mundial, incluida la criolla, tras la innegable necesidad de modernización.

Y viene al caso, porque el párrafo anterior está copiado exactamente, del artí­culo que Sara Madueño de Vásquez escribiera desde Lima, Perú y que bajo el tí­tulo de «La OEA intenta imponer una dictadura en Perú», que fuese publicado en la revista Solidaridad Iberoamericana, de la primera quincena de agosto del 2000. En él denuncia dichas exigencias, que a la vez son las exigencias que el Proyecto Democracia requiere para uniformar la ley en los paí­ses latinos: Uniformidad que favorece a los intereses económicos de la oligarquí­a mundial, quienes como lo escribiera Times, impulsan la «reconquista» de esta parte del continente. Sus tentáculos han ido cerrando el cí­rculo sobre el objetivo final de su interés principal: eliminar el estado soberano. Enormes extensiones de terreno han sido adquiridas, las empresas privatizadas pasan a ser importantes activos de las que, debido a la globalización, han pasado nuevamente a ser propiedad de las transnacionales, especialmente aquellas que por su valor estratégico deberí­an estar en manos del Estado.

No hay sector ni paí­s que se escape del interés por ser «reformado», ampliado, limitado, reducido y aún eliminado, si ello coincide con su visión polí­tica de la implementación del «Nuevo Orden Mundial», hoy ya descaradamente impulsado como el nuevo imperio estadounidense. El judicial, comercial, social sectorial, programas sociales, simplificación administrativa, laboral, privatización de empresas públicas, partidos polí­ticos, desregulación económica, (misma que tiene prácticamente colapsadas la economí­a de la mayor parte de los estados de la Unión Americana), regionalización etc. Aún aquellos paí­ses considerados como los grandes, cuentan entre quienes tienen «en la lista», el número de reformas que han implementado.

Uno a uno han ido entrando los paí­ses de la América Latina, con algunas resistencias, al cerco que nos tienden quienes hoy van imponiendo su neofascismo amparado por la enorme capacidad bélica alcanzada, escondidos detrás de la máscara de una supuesta democracia. Democracia que funciona para asegurar la alternabilidad en el poder, mas no para resolver los cada vez más crí­ticos problemas en los que se debate la mayor parte de la población del continente. Continente que paga una usurera deuda externa (varias veces pagada) y que mereciera desde los lejanos dí­as de Paulo VI, condena en su Populorum Progresivo, atacando la inmoralidad de «el imperialismo del dinero» por llevar la miseria sobre la mayor parte de la población mundial en nombre del «capitalismo liberal» y del imperio del «libre comercio». Para ello, han ido acomodando o eliminando gobiernos de tal forma que ellos sean los más dóciles y adecuados para alcanzar sus objetivos

En nuestra Guatemala, el Proyecto de Gana, el predilecto del embajador Hamilton, y su «equipo», no es pues un proyecto nacional. Es un proyecto detrás del cual se esconden esos intereses. Es un proyecto en el que el candidato presidencial, ocupa el lugar que ocupa el presidente Bush en los Estados Unidos: el del tonto útil. Detrás de ellos se encuentran quienes «sí­ saben para dónde van». Allá, Chenney con el equipo que consolidara la formación del poder paralelo, el cual se viene conformando desde que la «pareja diabólica» de Kissinger-Bush, impulsara al artista-presidente, a declarar ante el Parlamento británico en 1982, la nueva polí­tica del «Nuevo Orden Mundial» y que aquí­ en «micro», con la figura del ex canciller Stein, que no solamente ha estado inmerso en la polí­tica servil de la OEA y por consiguiente empapado del verdadero papel que esta prostituta juega en contra de los intereses de nuestras naciones, sino que sus lazos con George Soros, lo sitúa en una posición en la que conoce las actividades de este personaje, al que le es legalmente prohibido el ingreso a una decena de paí­ses debido a sus artimañas económicas especulativas en contra de sus monedas nacionales.

Quienes conscientemente o simplemente impulsados por la propaganda, las cancioncitas, o la intensa propaganda, (en la cual se gastan millones de quetzales), no caemos en la cuenta de que somos utilizados como marionetas para justificar la inexistente democracia. Que la «conciencia» que nos piden para participar en las elecciones, solamente servirá para legitimizar un gobierno, que no sólo nunca va a responder por satisfacer las necesidades de la mayor parte de la población debido a que, como producto de las polí­ticas del Memorándum de Seguridad Nacional 200 de los Estados Unidos, estará condenada a mayor pobreza, para «garantizar que sus recursos naturales sirvan para garantizar el futuro desarrollo de ese paí­s» y no del propio.

(Continuará)