Los guatemaltecos creíamos tener buenas referencias de don Luis Alberto Moreno, presidente del BID, pero después de leer la desafortunada entrevista que le hiciera recientemente el matutino Prensa Libre, nos dio que pensar su favoritismo gubernamental, como su poca experiencia y falta de consistencia cuando, sin conocer nuestra idiosincrasia y cultura, se haya atrevido a dar recetas que bien podrían funcionar para otros países pero no en el nuestro. Cualquiera que conozca nuestra sociedad sabe que aquí, para que funcione cualquier reforma tributaria, por lógica y experiencia debe estar condicionada tanto a la transparencia, como a la buena y eficaz administración pública, al racional y honesto uso de los fondos, como la aplicación del elemental orden de prioridades, puesto que todo ello es causa importante en nuestro estancamiento y hasta retroceso.
A nadie escapa que gastar más de 11 millones de quetzales en obras superficiales, como para mandar a pasear selectivamente a unos cuantos pobladores capitalinos a las playas del puerto de San José, jamás podrá ser prioritario a mantener funcionando en óptimas condiciones los centros de Salud, hospitales o aquellas escuelas públicas que no cuentan con escritorios, mucho menos el techo para evitar dar y recibir la enseñanza bajo las inclemencias del tiempo. Ningún chapín con dos dedos de frente ignora que el presupuesto de funcionamiento de «Su Familia Progresa», fue creado y operado con fines puramente político-electoreros, habiéndose nombrado a la esposa del presidente Colom para dirigirlo, llegándose al colmo de superar a los presupuestos sumados de los ministerios del Ambiente, Economía, Agricultura, Relaciones Exteriores y el de Energía y Minas. De ahí que quien quiera convencernos que la inversión o gasto no se hace sino para cubrir apariencias, olvidándose de atacar el fondo de los problemas que trae consigo la pobreza o hambruna, ignora nuestras condiciones sociales, políticas y culturales o utiliza dados cargados al expresar su criterio. Los Acuerdos de Paz tampoco son buen ejemplo de argumento para demostrar que ni siquiera hemos sido capaces de cumplirlos. Ignora el Presidente del BID que estos no fueron consensuados entre la población y ni siquiera discutidos en el Organismo Legislativo, pues fueron convenidos entre un grupo de fracasados guerrilleros y el gobierno de turno, por cierto muy deseoso de lograr su firma. Por otro lado, ninguno puede estar satisfecho con una imposición tributaria si desconoce la calidad del gasto, germen útil para gestar el incumplimiento o evasión del mismo. Tampoco es verdad que esté en tela de duda si es bueno o malo tener impuestos o aumentarlos. Al contrario, la gran mayoría, si no los aprueba abiertamente, los apoya, pero siempre con la condición que lo recaudado sirva exclusivamente para el financiamiento de programas que resuelvan a fondo nuestros problemas y se administren honestamente, caso contrario, el rechazo está y seguirá existiendo. Todo esto hasta un recién nacido lo entiende.