En las relaciones bilaterales, los imperios no tienen necesidad de comprometerse con ningún país pequeño que gire en su órbita, pero ayer la Secretaria de Estado norteamericana expresó importantes compromisos en la lucha contra el narcotráfico, asumiendo plenamente la parte de responsabilidad que tiene su país por la demanda que plantea el enorme mercado de consumo que hay en Estados Unidos.
Desde que Obama llegó a la presidencia, hubo un cambio importante de enfoque respecto al problema del narcotráfico, puesto que en México reconoció esa parte del problema que anteriores administraciones sabían, pero que no admitían. En su primer viaje a la América Latina esbozó ya la política de que el problema del narco no se podía resolver únicamente atacando a la oferta, sino que había también que trabajar para reducir la demanda. En otros temas, como el de migración, la Secretaria de Estado mantuvo la postura de que su gobierno está trabajando para lograr una reforma coherente que beneficie a los inmigrantes, pero esa decisión no compete a la administración sino al Congreso y por lo tanto no puede asumir compromisos concretos toda vez que se depende de lo que la rama legislativa disponga cuando entre a conocer el tema. Llamó la atención, eso sí, que Estados Unidos de manera enfática y categórica respaldara una reforma fiscal en Guatemala como instrumento para mejorar las condiciones de vida en el país y fortalecer la institucionalidad democrática. Entendemos que el respaldo sería para una reforma tributaria completa, integral y a fondo, más allá de los parches que se puedan plantear para rellenar agujeros fiscales porque eso no es reforma. Justamente ese tipo de cambios son los que han frenado la posibilidad de una reforma porque cada gobierno, al lograr su cometido de incrementar los ingresos mediante tibias modificaciones, deja por un lado el tema crucial y central de una transformación completa de nuestro sistema tributario. En resumidas cuentas, creemos que los dos puntos más concretos de la reunión bilateral de ayer son el compromiso de incrementar la ayuda para enfrentar el problema del narcotráfico, asumiendo no sólo la fragilidad del Estado de Guatemala para esa tarea, sino también la responsabilidad que comparten porque siendo Estados Unidos un importante centro de consumo, alienta la producción y el tráfico de los estupefacientes con todo y lo que ello significa para los países que producen la droga o que la trasiegan en su territorio por culpa de la debilidad institucional y de la enorme corrupción que se ha generalizado. Y el respaldo a una reforma fiscal que incremente la capacidad para enfrentar los temas de pobreza y de ingobernabilidad.