Cuando a principios de año los principales ejecutivos del desaparecido Banco de Comercio, aparentemente de forma voluntaria pidieron que la Junta Monetaria procediera a intervenir a ese ente bancario, la opinión pública recibió la noticia con cierto grado de indiferencia y hasta de comprensión a los banqueros privados.
Privó el criterio relativamente generalizado de que los accionistas mayoritarios del BC estaban actuando de buena fe y que con su actuación garantizaban los intereses monetarios de sus decenas de miles de cuentahabientes, entre depositantes, ahorrantes e inversionistas.
Sin embargo, sólo fue una farsa, matizada por las palabras persuasivas y hasta consoladoras del titular de la Superintendencia de Bancos y la presidenta de la Junta Monetaria y del Banco de Guatemala, economistas Willy Zapata y María Antonieta de Bonilla, quienes afirmaron que no se trataba de otra crisis en el sistema bancario, ni mucho menos, puesto que los clientes del Banco de Comercio no tenían nada que temer, porque no existía dolo en la decisión de sus ejecutivos.
Pero los cuentahabientes no mostraron la misma desmedida confianza del señor Zapata y la señora De Bonilla, sobre todo los que habían invertido en una empresa anexa al Banco de Comercio, sin saber que, en realidad, los certificados que les entregaron a cambio de sus capitales, producto de muchos años de trabajo, no estaban avalados por la Supertendencia de Bancos ni por el mismo BC.
El señor Zapata reafirmó en más de una ocasión que no tenía conocimiento previo de que el BC estuviera afrontado problemas de liquidez, con la intención de calmar los ya alterados ánimos de los inversionistas; pero el abogado de los ejecutivos del mismo banco demostró documentalmente que la Superintendencia de Bancos sí había recibido un informe acerca de las dificultades que afrontaba el banco intervenido.
Algo similar a lo ocurrido el año anterior, cuando el propio señor Zapata aseguró que el Bancafé se encontraba en óptimas condiciones financieras; pero pocas semanas después los hechos demostraron lo contrario.
Gradualmente se fue perdiendo la confianza en el señor Zapata y de la misma manera se ha ido diluyendo el prestigio de eficiencia y eficacia que había caracterizado desde su creación el Banco de Guatemala, derivado de las declaraciones contradictorias y confusas del titular de la SB y también de la presidenta del Banguat y de la Junta Monetaria, aunque ella en menor proporción.
Finalmente, ha sido el mismísimo presidente í“scar Berger quien terminó de destapar, hasta el momento, la maloliente olla de subterfugios, declaraciones a medias y revelaciones tardías del señor Zapata, respecto a su previo conocimiento de los problemas de desencaje del Banco de Comercio.
El diputado Nery Samayoa, de la UNE, fue el encargado de poner entre la espada y la pared al titular de la SB durante su comparecencia en el Congreso, quien se vio obligado a admitir que uno de los accionistas de mayor peso del BC, Jorge Ibarra, solicitó y obtuvo una entrevista con el gobernante, en la cual también participaron el vicepresidente Eduardo Stein, el propio jefe de la Superintendencia de Bancos y la señora De Bonilla.
La cita que pidió el ahora prófugo Ibarra era con el objeto de solicitar que alguna de las instituciones del Estado depositara un millón de quetzales en el Banco de Comercio, a fin de evitar que se ahondara el desencaje.
Independientemente de que no se haya accedido a la solicitud, lo grave del caso es que sale a luz que no sólo el presidente Berger y el vice Stein estaban enterados del riesgo que corría el BC, sino que también el señor Zapata y la presidenta de la Junta Monetaria y del Banguat, sin que todos estos altos funcionarios adoptaran medidas correctivas que evitaran el colapso del Banco de Comercio y que no se perjudicara a cientos de miles de inversionistas.
El titular de la SB negó inicialmente haberse enterado de la reunión de mérito, pese a que el presidente Berger había aseverado que el señor Zapata sí participó en la cita con Ibarra.
Pero aun así, el jefe de la Superintendencia de Bancos se resiste a renunciar, al menos hasta el momento en que escribo estos apuntes, contando con el apoyo del presidente Berger, como si aquel funcionario fuese a ajeno a la crisis bancaria, además de ser calificado por diputados e inversionistas de incapaz, y de haber sido denunciado ante el Ministerio Público por la comisión de supuestos delitos.
¿El señor Zapata estará esperando que se descubra otro hecho que permanece oculto, para abandonar el cargo aún con alguna dignidad, o esperará que el próximo gobierno, que previsiblemente no será de la Gana, lo eche por la puerta trasera?
(El asesor bancario Romualdo Pin Plata habría sugerido al señor Zapata, en sus comparecencias en el Congreso: Como no podés convencer a los diputados, por lo menos tratá de confundirlos).