Financiar un proyecto de energía limpia en México en contrapartida de vacaciones en las Maldivas equivale a comprar una conciencia ecológica por un puñado de euros, pero la «compensación de carbono» también constituye un mecanismo alternativo para proteger el clima.
Como no es posible borrar las emisiones de gases de efecto invernadero una vez que han sido enviadas a la atmósfera, entonces surge la idea de compensarlas financiando voluntariamente un proyecto de energía renovable o la plantación de árboles en un país del Sur con el fin de evitar que se repita el proceso en el futuro.
«Existen ya muchas iniciativas en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, y comienza a llegar a Francia», destaca Christian de Perthuis, responsable de la Misión climática de la entidad financiera pública francesa Caisse des Dépí´ts.
Se han contabilizado casi 80 subsidiarios en el mundo que hacen de intermediarios entre el emisor ansioso por resarcirse y el proyecto virtuoso.
Grandes empresas, entidades deportivas o las conferencias de la ONU sobre el cambio climático, como la que se celebra en Bali hasta el 14 de diciembre, han optado por compensar sus emisiones de dióxido de carbono.
Dos administraciones públicas lo hacen sistemáticamente, en el Reino Unido y en Noruega. En Francia, el ministerio de Ecología se ha propuesto hacer lo propio, con la financiación de un proyecto hidroeléctrico en México.
El precio de una tonelada de carbono, o de CO2 equivalente (eq), varía de un continente a otro. Vale una decena de euros en Estados Unidos o en Australia, 18 en Nueva Zelanda y Canadá y en torno a 19 en Europa.
Por consiguiente, si alguien desea hacerse perdonar las aproximadamente tres toneladas de CO2 emitidas por pasajero en un viaje de ida y vuelta entre París y Nueva York, basta con que desembolse alrededor de 70 euros.
En un principio, los proyectos iban dirigidos sobre todo a la preservación de los bosques y con el paso del tiempo se están concentrando en el desarrollo de la llamada energía limpia.
La compensación voluntaria no figura en las iniciativas previstas por el Protocolo de Kyoto para la lucha contra el calentamiento global, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio y el Mecanismo de Aplicación Conjunta, que tan sólo involucran a los países industriales que lo han ratificado para ayudarles a cumplir sus objetivos de reducción de emisiones contaminantes.
La escala entre una y otra no tiene comparación posible. En 2006, se cambiaron 466 millones de toneladas eq CO2 en el marco de Kyoto y sólo 13 millones de toneladas mediante la compensación voluntaria.
En cualquier caso todavía se está muy lejos de los 40.000 millones de toneladas de CO2 equivalentes emitidas en el mundo en 2005.
Según Jean-Marc Jancovici, experto en «balances de carbono» (evaluación del consumo energético y de los medios para reducirlo), este sistema es comparable a las indulgencias de la Edad Media porque alimenta las ilusiones y «retrasa el momento de las verdaderas inversiones».
«Si todos estuviéramos compensando la totalidad de nuestras emisiones, ya se habría resuelto el problema del cambio climático», opina, por el contrario, Christian de Perthuis.