El Gobierno ha anunciado con bombos y platillos sus logros obtenidos en seguridad durante los primeros seis meses de gestión. No se puede negar que la administración, conformada por varios hombres de inteligencia, ha sabido usar ésta para capturar a algunas estructuras criminales en contraste con lo que vimos hace cuatro años, cuando nos dijeron que la violencia se combatía con una inteligencia que brilló por su ausencia en todo el sentido de la palabra.
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Si bien es necesario destacar la importancia del manejo de la información, también es fundamental resaltar la complejidad del tema haciendo vital la implementación de otros componentes indispensables para poder resolver el problema a fondo. Cuando uno ve que muchos de los delincuentes son reincidentes queda evidenciado que algo está fallando en nuestro sistema de justicia y que por tanto no somos capaces de generar certeza en los castigos alimentando la impunidad.
Es muy difícil para un Ministerio Público hacer una buena labor en todos los casos criminales del país, porque además de existir tantos hechos delictivos, se cuenta con una institución limitada en recurso humano, en ocasiones en recurso financiero, pero que compensa con el enorme esfuerzo de muchos de sus colaboradores que luchan sin tregua contra las mafias. No obstante, se le hace difícil al ente investigador poder aportar pruebas y si lo hacen, está el riesgo que no sean valoradas correctamente.
Esto nos lleva al otro problema que radica en los tribunales del país. En La Hora hemos publicado reportajes haciendo ver la cantidad de casos que se llevan por juzgado, haciendo imposible tener una justicia pronta y cumplida, pero sobre todo, un correcto análisis de los procesos. Los juicios mediáticos que acaparan la atención de la sociedad, son llevados de forma “cuidadosa” pero muchos que escapan del ojo social, solo Dios sabe exactamente cómo se resuelven. Al igual que el MP, también existen jueces que de manera silenciosa hacen un trabajo extraordinario sin que nadie lo valore.
No hay que adentrarse en la cárceles para darse cuenta que los delincuentes no se reinsertarán, pues basta con ir a tribunales y estar en el sótano para darse cuenta que son, contados con los dedos de una mano, quienes podrían arrepentirse de sus actos. Por tanto, resulta importantísimo que nuestra gente no llegue a engrosar las filas del crimen, pues de lo contrario tienen altas probabilidades de ser delincuentes toda su vida, forjando el camino para sus hijos, familiares o amigos.
Todo lo anterior da lugar a la prevención. Para ello es necesario poder ofrecer más oportunidades a aquellos que las están buscando y ahora que se habla de reformas, la flexibilidad en la contratación laboral, siempre cumpliendo con los límites en manera proporcional al tiempo trabajado, es algo que resulta indispensable para darles chance a nuestros jóvenes que se alejen de las mafias y el dinero fácil.
La certeza del castigo es fundamental para que la gente sepa que quien la hace la paga, pero es igual de importante que sepan que la pagarán en un sistema penitenciario renovado, fortalecido y controlado por el mismo Estado, que nos permita erradicar lo que son hoy las cárceles, es decir, universidades del crimen. Por ello empecé diciendo que la inteligencia era necesaria, pero no lo es todo a la hora de combatir la inseguridad nacional, porque hay muchos factores que van de la mano en ese combate.
La tarea no es sencilla y tampoco podemos pensar que será una cosa de meses. Requiere de mucho esfuerzo, compromiso de los políticos, pero sobre todo de nosotros como sociedad para salir adelante. A este Gobierno le quedan tres años y meses, y ahora que están con ganas de reformas, la flexibilidad laboral, una verdadera reingeniería del sector justicia que parta de desnudar a las mafias y la reforma al sistema penitenciario, resultan vitales para nuestro futuro y para lograr una Guatemala más segura.