Compatriota está salvando vidas de personas afectadas por el cáncer


En todos los tiempos, millones de seres humanos han sido pasto del cáncer, enfermedad que, entre toda una gama de severos flagelos, han considerado incurable.

Marco Tulio Trejo Paiz

Eminentes cientí­ficos de diferentes paí­ses se han dedicado a estudiar las causas de tan terrible mal. Sus investigaciones han sido profundas y constantes, pero hasta hoy, infortunadamente, no han encontrado la panacea.

Son muchos, muchí­simos, los hombres, las mujeres y los niños que padecen de cáncer en todos los paí­ses, y cada dí­a están muriendo a millaradas o a millonadas irremediablemente. ¡Quién sabe hasta cuando descubrirán la medicina eficaz de laboratorio que haya de salvar tantas vidas preciosas!

La quimioterapia y la radioterapia, entre otros medicamentos, no pasan de ser meros paliativos para las ví­ctimas de tan despiadado azote de la humanidad. Matan las células buenas y malas. Dan alivio que puede durar un tiempo medido en uno o más años, pero siempre se está quedando lejos, muy lejos, de lo curativo. Mientras tanto, pueden sobrevenir complicaciones intercurrentes (o metástasis) y, entonces, la situación se torna delicada.

Podemos decir, empero, que milagrosamente aquí­; aquí­ en Guatemala, el estudioso médico veterinario Pedro Rodrí­guez Billeb, que ha acumulado rica experiencia y óptimos conocimientos a lo largo de no pocos años de ejercicio profesional, está curando el cáncer. Nosotros que, por razones de los quebrantos de salud que sufre un miembro del núcleo familiar, nos movilizamos a diario desde hace algunos meses hacia la clí­nica del doctor Rodrí­guez Billeb -que funciona en la colonia El Carmen, zona 12 de nuestra urbe capitalina- nos hemos dado cuenta de la gran demanda de servicios de pacientes guatemaltecos, de México, de los Estados Unidos de América, de otros paí­ses centroamericanos y de otras latitudes, que afronta de modo progresivo el citado profesional de la medicina.

Muchos connacionales y del exterior recobran la salud y, expresando reconocimiento, gratitud, ante todo a Dios y al doctor Rodrí­guez Billeb, se despiden hasta con mariachis satisfechos y felices por el tratamiento especial, único en el mundo, al menos hoy, de que han sido objeto. Nosotros hemos tenido una cordial y dinámica relación con casi todas las personas que han acudido a la clí­nica de referencia, quienes por lo general dicen que se van recordando con cariño a nuestra patria, Guatemala.

Médicos estadounidenses, entre otros, que han atendido en hospitales famosos de Houston, de Nueva Orleáns, de Nueva York, de México, etcétera, a pacientes desahuciados, a quienes pronosticaron muy cortas sus perspectivas de vida, han tenido una recuperación plena de salud. Hemos escuchado testimonios de los «ex pacientes», los que incluso han colocado exvotos en las paredes del mundillo de servicio del doctor Rodrí­guez Billeb.

Desde el primer dí­a de abocarnos a la clí­nica del admirable médico veterinario vimos en lugar de prelación una significativa placa de dorado metal que otorgó a Rodrí­guez Billeb una dilecta amiga nuestra (pariente por afinidad), en la que perpetuó su agradecimiento, con elocuente reconocimiento, al distinguido profesional de la medicina. Y es que, tras haber sido desahuciada por unos galenos, al punto que le dijeron que eran contados sus dí­as de existencia, se recuperó admirablemente.

Ya para finalizar, diremos que varios médicos norteamericanos, al ver rebosantes de salud a pacientes que trataron en la fase terminal, han viajado a nuestro paí­s con la pretensión de conocer la fórmula de los medicamentos que administra el doctor Rodrí­guez Billeb, pero él, que está para servir a los que sufren de cáncer (no para explotarlos inicuamente), no les ha revelado el «milagro», o sea la mencionada fórmula, no sin decirles que en sus centros de trabajo el costo del o de los tratamientos médico-hospitalarios son costosí­simos, al punto que… pueden desaparecer de la faz de la tierra no a consecuencia del cáncer, mas sí­ del susto de la tremenda factura.