Comparan ausencia de Chávez a telenovela surreal


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Un presidente que desaparece por semanas en medio de una intensa batalla contra el cáncer. Sus partidarios pregonan en las calles su apoyo irrestricto. Y en medio de todo esto el gobierno anuncia que hay un complot para asesinar al sucesor del mandatario.

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Por JORGE RUEDA CARACAS / Agencia AP

Esta sucesión de hechos sucedidos en poco más de siete semanas de ausencia, desde que Hugo Chávez viajó a Cuba a tratarse un cáncer, y que reboza de melodrama y surrealismo, es percibido por guionistas e intelectuales como una telenovela que se alarga y pierde verosimilitud, en un país que ha sido rey en la producción de este género televisivo y cuya trama no habría sido imaginada por el guionista más experimentado o atrevido.

«La realidad en Venezuela se ha tornado inverosímil, cuesta creer que estén ocurriendo estos acontecimientos, donde uno sobrepasa al otro y donde nuestra capacidad de asombro está siendo retada permanentemente», dijo a The Associated Press Leonardo Padrón, afamado escritor de telenovelas y columnista de prensa.

Para dramaturgos y guionistas lo que hace de esta saga chavista rara y truculencia es que el principal protagonista de la obra, el presidente Chávez, está ausente desde que fue operado el 11 de diciembre del cáncer que padece desde 2011.

Desde entonces, el caudillo no ha hablado, no ha aparecido en público ni en fotografías, como lo hizo en ocasiones pasadas cuando se trasladó a La Habana a operarse.

«Para ponerlo desde el punto de vista de un dramaturgo, de un contador de historia, es evidente que en este país el protagonista era Chávez y el tema es que esta historia se quedó sin protagonista… la persona que conducía los destinos de este país no existe, es una suerte de abstracción, una entelequia, es alguien que se invoca verbalmente, pero del que no hay pistas reales de su conciencia», dijo Padrón, guionista de las telenovelas «El País de las Mujeres» y «Ciudad Bendita».

«Ha habido un exceso de capítulos culminante, queremos ya lo que llaman semana final y el capítulo final», agregó. «Creo que todo el mundo quiere que el desenlace ocurra, sea cual sea, pero que ocurra».

Ese clima de incredibilidad e incertidumbre se acrecienta con la decisión del Tribunal Supremo que avaló la continuidad del mandato chavista de manera indefinida, con el atribuir a Chávez el nombramiento de su exvicepresidente como canciller y a mensajes contradictorios sobre su estado de salud.

«Es una constante de que al alargarse demasiado una telenovela, está va perdiendo verosimilitud», dijo Padrón. «Uno de las cosas más graves que están pasando es que los altos personeros del gobierno se están despojando de credibilidad ellos mismos. Cuando Maduro decía (el 15 de enero) en la Asamblea Nacional que por orden de Chávez… el nuevo canciller es Elías Jaua, nadie le cree que es realmente una orden de Chávez porque si Chávez es capaz de dar esa orden, es capaz de hacer una llamada telefónica y calmar al país».

Los giros melodramáticos de este guion suceden tras 14 años de una presidencia llena de sorpresas, conflictos y triunfos y que incluyen una fallido golpe de estado en contra de Chávez en 2002, una breve estancia suya fuera del país como consecuencia, y un discurso ante las Naciones Unidas en el que tildó al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de ser «el diablo».

En estos años, Chávez ha monopolizado la atención mediática de los venezolanos con un exuberante culto a su personalidad, que polarizó a la sociedad venezolana entre partidarios a su favor y en contra. Algunos artistas, que creen en el caudillo, han pintado imágenes de su líder en el centro de Caracas mientras que sus opositores especulan cuánto más durará su silencio.

En las última semanas ha habido al menos tres versiones distintas sobre la salud del presidente: a finales de diciembre pasado, el vicepresidente Nicolás Maduro anunció que Chávez lo había llamado por teléfono desde para darle instrucciones y dijo que él ya estaba caminando y haciendo ejercicios.

Luego, Maduro y el ministro de Comunicación Ernesto Villegas dijeron que el mandatario «ha enfrentado complicaciones como consecuencia de una severa infección pulmonar» y un proceso postoperatorio «no exento de riesgos». Y en días recientes, Maduro añadió que «está el presidente Chávez en el mejor momento», mientras Villegas destacó que está «tomando decisiones».

Ante la avalancha de críticas por la negativa dar detalles sobre el estado de salud de Chávez, incluyendo el tipo de cáncer padece y la ubicación de los tumores que le han sido removidos, Villegas replicó recientemente que «no podemos ceder al chantaje de aquellos que confundan el derecho a la información con el morbo… hay cosas que forman parte de la privacidad del paciente».

El dramaturgo y ensayista Luis Britto García desestimó las críticas al gobierno y afirmó que «hay una guerra mediática, signada por un juego de mentiras, basado en especulaciones sin fundamento para generar matrices de opinión para desestabilizar al país».

Britto advirtió que los venezolanos «no deben hacerse eco de mensajes sin fundamento, que se dedican a la especulación» y otro de aquellos «que tienen un contacto con el presidente Chávez, que ofrecen informaciones ponderadas, sobrias, que lógicamente tienen que variar debido a lo delicado del tratamiento».

La supuesta firma del decreto de nombramiento de Jaua como canciller fue ridiculizada por la caricaturista Rayma Suprani, quien publicó en el diario nacional «El Universal» un dibujo satírico en el que se veía a Maduro dándole una pluma a una marioneta que parodiaba a Chávez, que le exigía a su vicepresidente «¡Dame la pluma que voy a firmar!».

En ausencia del presidente, la televisión estatal ha sido saturada con imágenes de un sonriente Chávez y Caracas está abarrotada con iconografía del caudillo como sus ojos o sus consignas.

Javier Vidal, dramaturgo y director de teatro, comparó esta situación a un género teatral callejero. «Lo que estamos viviendo en la actualidad se parece mucho a una mojiganga, un género menor de calle, carnavalesco, en la que hay muchos elementos de farsa», dijo a la AP. «Esta mojiganga nace de la tragedia que estamos viviendo que es bastante grande».

Lo que ocurre en Venezuela «es una verdadera farsa. Además sabemos que están todos enmascarados los protagonistas, que cada vez que salen están diciendo mentiras. Todo es una mentira. Si alguien a mí me dice: ‘Te consta’, porque eso esa expresión muy propia de Venezuela, a mí lo que me consta es el silencio, a mí lo que me consta es la ausencia, porque desde hace más de un mes no vemos al presidente, no oímos al presidente», dijo Vidal.

Otros consideran que las supuestas contradicciones oficialistas sobre la salud de Chávez no son improvisadas. «Aquí no hay nada improvisado, el gobierno calcula al milímetro cada palabra que emplean: todos esos comunicados están sopesados y medidos. Hasta cierto punto hay mucha coherencia», dijo el filósofo e investigador de la comunicación, Antonio Pasquali.

«El chavismo está copiando ese mecanismo de deificación del líder. Soy de la opinión de que todo este proceso de ‘totemización’ de Chávez, vivo o muerto, es planificado y programado con el propósito de crear en la sociedad un ‘totem’ político supremo con el cual relacionarse por la vía emocional-religiosa. Es un clásico proceso de conversión de profano a sagrado, tras el cual toda disidencia del tótem es considerada una profanación de lo sacro», agregó el filósofo.

No es la primera vez que el gobierno chavista y sus aliados han inspirado guiones televisivos. En «Cosita Rica», telenovela escrita por Padrón y producida en 2003, fue creado el personaje Olegario Pérez, una especie de alter ego del mandatario, que logró capturar los gestos y la naturaleza impredecible y folclórica del mandatario.

A la telenovela le siguió una página de web satírica, llamada «El Chigüire Bipolar», que constantemente se burla del caudillo. Hace poco publicó un artículo parodiando al ministro Villegas dando un parte de la enfermedad del presidente titulándolo: «Villegas: Chávez se encuentra estable en la situación esa que no les diré cuál es».

En buena medida, la lucha de la salud de Chávez seguirá siendo un tema nuevo y sensible, y podría seguir inspirando obras de teatro, telenovelas y la literatura venezolana.

Carolina Acosta-Alzuru, analista de medios y profesora asociada en la Universidad de Georgia, dijo que la situación le recuerda a su libro de 2007 acerca de la telenovela «Cosita Rica», titulado «Venezuela is a telenovela» o «Venezuela es una telenovela».

«Este giro de la trama que estamos viviendo en este momento es, wow, sorprendente, es surrealista», dijo a la AP. «A veces me gustaría que Gabriel García Márquez fuera joven otra vez y pudiera escribir sobre esto, porque a veces se siente como realismo mágico».

Imitador se ríe de Chávez pero no del cáncer

Falta aproximadamente una hora para el espectáculo y Gustavo Ríos se transforma en el presidente venezolano Hugo Chávez. Una maquilladora da a su piel un tono moreno y le adhiere una verruga de plástico en la parte derecha de la frente. La caracterización se completa con grandes orejas de látex y con una peluca negra. Ríos imita a Chávez con precisión hilarante y exagerando sus ademanes característicos. Su voz adquiere un tono triunfal y sus manos se mueven en el aire. La imitación ha tenido un precio en Venezuela, donde el presidente extrovertido y dominante ha cultivado cuidadosamente su imagen de salvador popular de la patria. Ríos fue amenazado y robado. Incluso, alguien incendió su automóvil.

Huyó de Venezuela y ahora, su acto se transmite en un programa en español en Estados Unidos. En tanto, el auténtico Chávez convalece en un hospital cubano donde se recupera quizás —nadie lo sabe con exactitud— de una serie de complicaciones tras una cirugía que se le practicó en diciembre para combatir el cáncer.

El imitador se viste con el rojo característico del mandatario y cuenta chistes sobre su estadía en el hospital. En un programa reciente, apareció conectado a una intravenosa pero bailó con la canción «Celebration», de la década de 1980, mientras jugaba con la consola Nintendo Wii.

Lo que no hace es mencionar la palabra «cáncer». Ríos conoce esa enfermedad pues su propio padre la padece.

«El cáncer es un padecimiento muy duro», dice, con voz solemne.

Originalmente, Ríos hizo su imitación de Chávez en un programa de radio llamado «Con las Pilas Puestas» en Maracaibo, ciudad de la costa occidental de Venezuela de donde es originaria su familia. Fingió hablar con los presidentes de Cuba, Rusia e Irán, así como con Osama bin Laden, para conquistar el mundo. En un episodio, planificó secuestrar al presidente estadounidense y torturarlo con música norteña mexicana.

No todos piensan que es gracioso. Los simpatizantes de Chávez, quien por años ha condenado el capitalismo estadounidense y ha impulsado una plataforma socialista, le han dicho imperialista y oligarca. En cuatro ocasiones le robaron el auto. Luego, su vehículo se incendió frente al estudio donde hacía sus programas, al mediodía. Recibió mensajes con amenazas, incluso de muerte.

A la postre, decidió solicitar asilo político con su esposa y su hijo de 3 años, para residir en Miami, donde habita la mayor comunidad venezolana fuera del país sudamericano, en su mayoría antichavistas.

«Fue terrible», dijo. «Dejar a mi familia fue lo peor».

No tenía contratos ni una forma muy clara de volver a la radio. Así que el comediante, quien tiene ahora 40 años, hizo lo que hace la mayoría de los inmigrantes, lavar platos, repartir pizzas y pintar inmuebles. En tanto, Ríos fue grabando sus caracterizaciones —imita a más de 80 personajes famosos_, y entregó el material en los estudios de televisión. Un actor cubano que había trabajado en Venezuela y estaba en la radio en Miami se encontró la grabación y concertó una entrevista con el comediante.

«Fue la primera persona a la que escuché imitar a Chávez», dijo el actor Omar Moynelo. «Para mí fue un gran hallazgo».

Cada vez más venezolanos llegaban a Miami. Había en la ciudad muchos imitadores de Fidel Castro pero ninguno de Chávez.

Hace cuatro años, Ríos obtuvo un empleo en MegaTV. Casi en la misma fecha, se diagnosticó a su padre un cáncer de próstata. Ríos esperaba todavía que se le concediera la ciudadanía estadounidense y no podía volver a Venezuela para estar con su progenitor.

Mientras su padre pasaba por la quimioterapia y las radiaciones, Ríos trataba de consolarlo en las llamadas telefónicas. Le enviaba dinero y lo hacía reír con algunos fragmentos de sus imitaciones.

Hace casi dos años, los médicos diagnosticaron a Chávez la misma enfermedad. El gobierno venezolano nunca ha confirmado qué tipo de cáncer padece, pero Chávez se ha sometido a repetidas cirugías, quimioterapia y radiaciones. No se le ve el público desde el 11 de diciembre.

Al comienzo, Ríos pensó que todo se trataba de un problema temporal o incluso de un montaje del gobierno. Creyó que Chávez iría a Cuba y volvería victorioso. Pero luego llegó el día en que Chávez debía asumir para un nuevo periodo y permaneció ausente.

Ríos y los guionistas de MegaTV buscaron un número equilibrado, que fuera divertido pero no cruel. Y si se confirma que Chávez está en sus últimos días, Ríos afirma que pondrá fin a su acto.

«Nadie debería reírse de una enfermedad así», opinó.

De modo que Ríos elude la referencia al cáncer. Felipe Viel, conductor de «Esta Noche Tu Night», dice al público que se está captando una transmisión en directo desde la habitación de Chávez en un hospital. Luego, aparece Ríos con un pijama rojo y una chaqueta militar verde olivo. Algunas veces está en una silla de ruedas pero luce vigoroso. Muestra una conducta infantil y arroja píldoras al suelo.

En el episodio del jueves, estaba de pie y meneó las caderas para bailar al ritmo de un juego de Nintendo. Una enfermera de ropas escotadas entró a la habitación. Ambos coquetearon entre sí, pero él se resistió a su proposición romántica.

«¡Los paparazzi nos tomarán fotos!», dijo.

«Hablando de eso», señala la enfermera rubia. «¿Vio la foto en El País?».

«¿En qué país?», pregunta Chávez.

El jueves por la mañana, El País debió retirar de su sitio Web y de sus ediciones impresas una foto que supuestamente mostraba a Chávez con sondas en la boca. La imagen no era de Chávez y el diario español pasó un episodio vergonzoso.

Ríos dice que quiere hacer sus números en Venezuela, tal como los comediantes estadounidenses hacen bromas y chistes de Barack Obama o de George W. Bush.

«Quiero que los chavistas se rían con nosotros», comentó. «Hay que saber reírse de uno mismo».

Además, Ríos quiere estar en Venezuela con su padre, que sigue sometido a quimioterapia. Pero sabe que sus imitaciones le pueden generar más problemas ahí, y se preocupa por lo que podría ocurrir si regresa. No resulta seguro mofarse de Chávez en Venezuela sino hasta que no esté en el poder. Y cuando ello ocurra, Ríos tendría que idear un nuevo acto.

En Miami, sus imitaciones de Chávez y de otros le han ganado reconocimiento. La gente lo reconoce en la calle y le agradece por hacerla reír. En el estudio, unos 20 espectadores se sientan en sillas plegables metálicas, y ríen con sus ocurrencias. Es un alivio momentáneo para ellos y para Ríos.

«Esto me ayuda a sacar toda la energía, todas esas cosas que uno lleva dentro», dice.