Como que no hubiera gente con dos dedos de frente


Ayer de regreso a casa encendí­ la radio para enterarme qué habí­a ocurrido mientras las ocupaciones de mi trabajo habí­an consumido toda mi atención. Se me paró el pelo: choferes y ayudantes abatidos a balazos; gente dedicada a sus ocupaciones, asesinadas por robarle cualquier cosa de valor; autobuses despedazados porque «se les fueron los frenos» con la cauda de muertos y heridos de siempre; una pobre señora asesinada por los chismeados mareros. Toda una orgí­a de sangre, violencia y delincuencia al por mayor que parece incontenible.

Francisco Cáceres Barrios

A la mañana siguiente me entero de las noticias destacándose aquellos titulares por el clamor por aumentar la presencia policí­aca o por la escasez de sus elementos; la existencia de una iniciativa para aumentar más burocracia con el nombre de Ministerio de Seguridad; que no es cierto que el Ejército vaya a dejar de colaborar con la policí­a civil y hasta la descabellada opinión de un lector, quien asegura que la actual violencia no es más que una maniobra polí­tica para desprestigiar al nuevo gobierno.

De ahí­ que me haya sentado a escribir para dialogar imaginariamente con usted, estimado lector: ¿realmente qué está pasando?, ¿es que Colom recibió el gobierno en trozos al punto que ni Dios Padre podrá componerlo en 365 dí­as, mucho menos en 100; que no hay gente con dos dedos de frente para hacer su trabajo eficazmente; que sí­ la hay, pero los usan para otras cosas, incluyendo el cuido de la Casa Presidencial que mantiene a su alrededor hasta una docena de unidades de la PNC, mientras para los madrugadores nadie puede garantizar su seguridad?.

El desmadre ha llegado a tal punto, que un fulano auto proclamado lí­der sindical es capaz de pedirle al gobierno que más de 40 servidores públicos se queden sin empleo, con tal de satisfacer sus megalómanos caprichos o que todo un señor Contralor General de Cuentas de la Nación tenga que entrar por la puerta del servicio de una dependencia del Estado guatemalteco para averiguar qué se ha hecho con los fondos públicos aportados a través de los impuestos pagados por los contribuyentes.

Cuando de patojo iba al colegio, mis padres y mis profesores ¡que Dios los tenga en la gloria! Me enseñaron que a la autoridad hay que respetarla, que siempre debí­a andar derechito y sin malas juntas, como que la ley se habí­a hecho para cumplirla. ¿Qué pasa entonces, que ahora todo eso no sirve de nada y que habrá que agachar la cabeza ante la Unión Europea porque a ellos se les ocurre que deben votar los policí­as, los soldados y hasta los detenidos, a la par de un ciudadano independiente de criterio como honrado a carta cabal? Vaya pues, ¿no le parece, al estimado lector, que en Guatemala todo anda de cabeza, como que no hubiera suficiente gente con dos dedos de frente?