Como mi mamá


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Ahora la entiendo más que nunca. Ahora recuerdo, siento, recreo en mi memoria esos dedos acariciando mi cabello mientras su voz se transformaba en las historias maravillosas que me iban adormeciendo.  Vuelvo a ver los muñecos que decoraban las paredes de mi cuarto, que con tanta ilusión colocaba, vuelvo a sentir ese olor a frescura que al abrazar mi almohada impregnaba mi nariz. He recordado su mano volando con la cuchara intentando aterrizar en una boca cerrada, como la de mi hija.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


Ahora cuando en las noches Inés debe dormir brotan de mis labios esas canciones olvidadas por años y cantadas con más entonación que la que yo puedo darles. Ahora puedo entender lo que sentía cuando la fiebre calentaba mi frente y sus ojos se llenaban de agua como una imagen de caricatura.

Ese amor desmedido, ese amor incondicional, esos abrazos curadores, esa mirada de comprensión. Ahora me veo como ella, me siento así y quiero serlo. Porque mi vida hoy es lo que soñaba gracias a ella. Sí, ella empezó a puntear esa ruta que mi crayón remarcó primero, y luego diseñé a mi gusto.

Ahora la entiendo más que nunca. Ahora quisiera no haber renegado tantas veces de esos consejos sensatos. Ahora agradezco a la vida su atención aun cuando ya era mayor y había desistido de su nido.

Hoy que estoy lejos, cierro los ojos y evoco su perfume, la textura de su mejilla, el mejor cojín para mis tristezas, mis miedos y delirios. Le agradezco la poesía, la templanza y sus oraciones.

Ahora, mucho tiempo después, la distancia y la maternidad me han unido más a ella. Me hacen quererla más, admirarla más, agradecerle mucho y sobre todo desear abrazarla, recostarme a su lado y escucharla cantar.
La veo en Inés. Me veo en ella y me gusta.
Dios no pudo haber escogido mejor madre para mí que tú.