¿Cómo lo hará?…


Ha sido una práctica usual, desde tiempos inmemoriales, que los candidatos a la Presidencia, cuando están en la lucha polí­tica a sus electores les ofrecen hacer milagros, cual nuevos mesí­as que bajarán de las nubes para endulzar oí­dos y saciar ingenuidades.

Héctor Luna Troccoli

Cada grupo que pide algo, como aquellas novias anhelantes y bellas, el novio-candidato les responde que sí­, así­ se trate de la idea más descabellada. Pasa como el cuento aquel del candidato que ofreció a una comunidad construir un puente y los habitantes le contestaron que para qué querí­an un puente si no habí­a rí­o, a lo que el inteligente polí­tico les respondió: «no importa, construiremos el rí­o».

ílvaro Colom, presidente electo, igual que sus otros contendientes hicieron muchos ofrecimientos y lo peor del caso es que a algunos de sus proyectos les puso plazo para obtener resultados, lo cual, según mi criterio, es un error polí­tico.

Aparte de lo anterior, aunque el ingeniero Colom está acompañado de una buena persona y excelente profesional, no tiene conocimientos técnicos, polí­ticos y administrativos para manejar una burocracia que muchas veces es el primer obstáculo para realizar proyectos, fuera de los problemas de financiamiento que constantemente se dan ante las crecientes necesidades del paí­s, máxime si ahora, como se ofreció por los dos electos, nuestro dinero y el que aporten instituciones y gobiernos mediante préstamos o donaciones, va a ser manejado de manera «transparente», cosa que también genera dudas, no por los dos electos, sino porque la mano de «mono» abunda en todas partes, incluyendo a gentes que reciben homenajes y reconocimientos permanentes y tienen negocios hasta de los famosos «muppies», esa propaganda que está inundando la capital sin cortapisa, ni control alguno.

Pero si lo anterior no bastara recordemos a los tres últimos gobiernos, el de Arzú y Berger al servicio de los grandes empresarios y el de Portillo al servicio de la corrupción y el latrocinio más escandaloso de las arcas públicas, en donde muchos sacaron buenas tajadas.

Creo que el ingeniero Colom y el doctor Espada después de los primeros seis u ocho meses empezarán a sentir lo difí­cil que es cumplir lo prometido y cada dí­a que pase, enfrentarán más problemas, aunque puedan tener un buen equipo de gobierno, pero muchas veces la cabeza no puede gobernar al resto del cuerpo si éste ya se encuentra infectado por enfermedades crónicas que han estado latentes durante años, como la impunidad, la corrupción, la delincuencia, el tráfico de influencias, los que ofrecen y los que reciben, etcétera, etcétera.

En fin, durante mucho tiempo he estado pensando en Tono Colom. Y siento que sus consejos y su particular espí­ritu fraternal, un poco bohemio y con una visión muy pragmática de su paí­s, le harán falta a su crí­o. ¿No es así­ mi recordado Tono?…