¿Cómo llegamos a enamorarnos?


El enamoramiento es una etapa de lo que constituye el proceso de amar. Parece fácil abordar el tema, ya que quién de nosotras/os no ha vivenciado el estar enamorado. Pero es algo tan existencial que el simple hecho de tratar de definirlo con palabras podrí­a desvirtuar su naturaleza y su sentido.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Consiste en un estado pasional en el cual existen diversos estados de ánimo, y se siente desde el interior una profunda fuerza que nos atrae hacia el ser amado de una manera desmedida. En la cual no se piensa, sino se siente y ella nos mueve todo nuestro sentido de vida, todas nuestras percepciones, pensamientos y conductas.

Se vive como una experiencia individual que principia con el deseo de aceptación y de correspondencia mutua y muchas veces con el temor de que esta última no exista. Dando así­ origen al miedo a ser rechazadas/os y/o abandonadas/os.

Fina Sanz describe algunas caracterí­sticas del enamoramiento:

1. El inicio del enamoramiento se presenta como un brote incontrolable de sentimientos; que inunda todo nuestro ser con la finalidad de la búsqueda de la persona amada. Dando origen al deseo de aceptación, de aproximación, de fusión y de contacto.

2. Cuando la pasión amorosa encuentra su respuesta en la otra pasión se observa la felicidad y el éxtasis. Encontrando un detonante de fuente de placer. No parece haber barreras para los amantes, ni lí­mites de espacio/tiempo. Colocándolos en una vivencia de trascendencia a través de la fusión. El mayor sentido para los enamorados es ellos mismos.

3. Después de todo este perí­odo de fuego y de idealización del ser amado, poco a poco la fusión va dando paso al deseo de separación, el encuentro pleno y satisfactorio de la persona amada da lugar al reencuentro consigo misma/o, a la integración. El fuego de la pasión se aquieta y genera serenidad. La pasión se mantiene debido a que se cultiva.

4. Cuando por el contrario, ante el enamoramiento no existe una mutua correspondencia, el deseo y la frustración continua generan un estado de tristeza profunda. Todo ese caudal de energí­a que brotaba en la persona enamorada, al no encontrar la respuesta, no halla una salida y se vuelca de nuevo hacia ella, generando autodestrucción. Se pierde la alegrí­a, el deseo de vivir, y se da una auto percepción negativa. Se vive un duelo y es necesario prepararse para una nueva apertura.

Al inicio del enamoramiento se sienten sensaciones, emociones y una percepción «especial» de las personas y de las cosas. Acontecimientos pequeños, percepciones comunes o frecuentes toman un tinte distinto. La calidad y gratificación de cada una de las percepciones aumenta grandemente; la magnificencia la observamos en todo nuestro entorno, en un amanecer, en una palabra, en una sonrisa. Y nuestro interior se proyecta hacia el exterior, convirtiéndonos en seres más atractivos y carismáticos ante los demás.

Nos tornamos obsesivos en nuestros pensamientos. Ya que su contenido está lleno de todo lo que sitúa o implica a nuestro ser amado. Nos colocamos ante rituales compulsivos; mareamos a nuestras amistades expresándoles cosas sobre esta persona, cómo es, quién es, qué me hace sentir, qué hace, qué no hace, qué dice, qué no dice. Deseamos pasar o buscar lugares de posible encuentro mutuo.

Cómo ya referimos la intensificación de nuestras percepciones, y en ella hay diferencias genéricas especí­ficas en tanto al desarrollo de las mismas. El hombre tiene como sentido de percepción mejor desarrollado la vista y las mujeres el oí­do.

Al hombre generalmente el enamoramiento le ingresa por lo que ve y a nosotras las mujeres por lo que oí­mos.

Espero que este artí­culo pueda contribuir a alguna ilustración sobre el proceso del enamoramiento. Les deseo un feliz Dí­a del Cariño, que vivan la vida enamorados de sus parejas y de lo que realizan en su diario vivir.

Que no se olviden que para poder amar hemos de comenzar con nuestro propio ser. No podemos permitirnos desvalorizarnos en la vida para continuar o sostener una relación que nos resulta necesaria pero a la vez asfixiante y destructiva.