¿Cómo impedirles tener hijos?


Ayer nuestros obispos, haciendo eco a la postura del Vaticano, llamaron a los fieles católicos a no utilizar técnicas de asistencia a la fertilidad por respeto a la vida naciente y lo primero que me viene a la mente es la inmensa cantidad de familias que han sentido una bendición cuando, después de mucho tiempo sin tener hijos, han logrado concebir gracias a esas técnicas de asistencia para lograr la fertilidad. El tema lo ven los obispos desde el punto de vista de que muchos de esos procedimientos producen otros embriones que quedan, en muchos casos, congelados.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Durante los últimos ocho años en Estados Unidos, paí­s vanguardia en muchos procesos cientí­ficos, se prohibió el financiamiento federal para todo lo que tuviera que ver con investigación embrionaria y también en el tema de la fertilidad se detuvo el ritmo de la investigación. Por supuesto que eso cambiará a partir de enero porque no es secreto que el futuro presidente Barack Obama sí­ cree en la investigación cientí­fica que pueda ayudar a la cura de enfermedades como el cáncer, la diabetes y la pérdida de la memoria que afectan a cientos de miles de personas en todo el mundo y que son males que, según los estudios existentes, pueden ser objeto de tratamiento con esas células.

Lo que dijeron ayer los obispos en cuanto a que «muchas parejas recurren a estos procedimientos para hacer una selección genética de sus hijos» me parece el argumento más tirado de los cabellos que pueda imaginarse. Aunque no lo he vivido en el entorno de mi familia, conozco muchí­simos casos de parejas de esposos que han recurrido a estos procedimientos para tener un hijo, como Dios se los mande, sin andar con selecciones genéticas que al menos en nuestro medio no parecen realizables aún.

Y el otro tema que siempre he criticado es el relacionado con lo que ellos llaman «disociación entre la procreación y el acto conyugal, cuando se habla ya no de la fertilización in vitro sino de la implantación de espermatozoides en el óvulo, práctica que se utiliza dependiendo del tipo de problema de infertilidad que tenga la pareja. Y me viene a la mente siempre la hipócrita actitud de quienes quieren asignar a todo acto conyugal el propósito de la procreación, pero aceptan como lí­cito y promueven el llamado método natural o del ritmo que, al final de cuentas, lo que alienta es al acto conyugal únicamente en los dí­as no fértiles de la mujer, es decir, sin fines de procreación.

Los obispos tienen que cumplir con los dictados de Roma y es natural que se hagan planteamientos de esta naturaleza que, sin embargo, despiertan en los fieles dudas y cuestionamientos éticamente válidos y moralmente profundos. Personalmente reconozco que es un campo en el que los prelados tienen que fijar su postura y emitir su opinión, pero no puedo ignorar lo que los avances de la ciencia han significado para miles de personas y siento que en casos como éste la Iglesia está perdiendo el tren del tiempo. No termino de entender, por ejemplo, cómo es que dan licencia a los curas que lo deseen para casarse y abandonar un sacramento que, al menos eso me enseñaron, era para toda la vida, ni tampoco el tráfico de dinero que hacen con la anulación de matrimonios mientras que para el común de los mortales, especialmente los que no tienen pisto, el divorcio sigue siendo un pecado imperdonable.