Con esta pregunta empiezo una serie de opiniones objetivas y críticas constructivas sobre la situación política, económico, social y cultural que vivimos millones de mujeres y hombres del país, aprovechando el preciado espacio «Tribuna no mostrador» del diario La Hora. Las temáticas coyunturales y las decisiones de trascendencia nacional serán los asuntos a analizar, especialmente por qué en Guatemala se dan casos y cosas únicas e impactantes. Compartir ideas y planteamientos con los lectores sobre los múltiples problemas estructurales que nos aquejan es un privilegio, pues el fin es aportar propuestas y criterios encomiables para cambiar el destino del país.
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Comenzar el año con el nuevo gobierno socialdemócrata será un tema político interesante a discutir, puesto que se pretende priorizar al ser humano por encima del desarrollo del libre mercado que han impuesto los últimos gobiernos. Esta ideología deberá demostrarse en la práctica y ser evaluada los primeros cien días propuestos por el mismo presidente ílvaro Colom, ya que es imprescindible valorar a la persona y no adelantarnos a la explotación de la riqueza natural, el consumismo extremo y la venta de niños como mercancías. Por lo tanto, el gobernante y sus altos funcionarios deberán reflexionar seriamente y decidir sobre la reducción de la pobreza en pleno siglo XXI para no seguir privilegiando a los sectores pudientes.
Otra preocupación reciente es la deuda de más de dos mil millones de quetzales que heredó el gobierno de í’scar Berger a la nueva administración, la cual provocará un alto déficit fiscal, problemas macroeconómicos y la falta de obras de infraestructura para el 2008. El gobierno anterior se dedicó a licitar obras exageradas a empresas de familiares, convirtiéndolas en negocios costosos, evidenciando una vez más que el gobierno de los empresarios solo generó compromisos en detrimento de la población e impulsó una política de manipulación de la opinión pública para seguir respaldando la acumulación de la riquezas a favor de la oligarquía.
El sistema democrático que hoy pregonan los políticos deberá traducirse en el fortalecimiento de las instituciones que prestan servicios y la descentralización eficiente de los órganos administrativos para que la población rural acceda a la educación y la salud gratuita. Al igual que otros países que paulatinamente han resuelto sus problemas sociales, Guatemala necesita salir adelante, y para ello es necesaria una reforma fiscal que obligue a los grandes contribuyentes a pagar impuestos y no evadirlos. Por aparte, es urgente impulsar políticas agrarias y de desarrollo rural que satisfagan las necesidades alimentarias de la población de aquel sector y se ponga fin a la violencia social que ha cegado la vida de miles de ciudadanos.
Por el bien de los más de doce millones de seres humanos que convivimos en este país, debemos ser propositivos y responsables para apoyar acciones exitosas que comiencen a reducir la desigualdad e inequidad entre la población. En cumplimiento de un plan de gobierno serio y coherente, el Estado está obligado ha impulsar políticas públicas e incluyentes; y los habitantes debemos exigir que se cumplan nuestros derechos individuales y sociales que establece la Constitución Política.