¿Cómo estamos en Guatemala?


Con esta pregunta empiezo una serie de opiniones objetivas y crí­ticas constructivas sobre la situación polí­tica, económico, social y cultural que vivimos millones de mujeres y hombres del paí­s, aprovechando el preciado espacio «Tribuna no mostrador» del diario La Hora. Las temáticas coyunturales y las decisiones de trascendencia nacional serán los asuntos a analizar, especialmente por qué en Guatemala se dan casos y cosas únicas e impactantes. Compartir ideas y planteamientos con los lectores sobre los múltiples problemas estructurales que nos aquejan es un privilegio, pues el fin es aportar propuestas y criterios encomiables para cambiar el destino del paí­s.

Pedro Mateo
chamateo99@hotmail.com

Comenzar el año con el nuevo gobierno socialdemócrata será un tema polí­tico interesante a discutir, puesto que se pretende priorizar al ser humano por encima del desarrollo del libre mercado que han impuesto los últimos gobiernos. Esta ideologí­a deberá demostrarse en la práctica y ser evaluada los primeros cien dí­as propuestos por el mismo presidente ílvaro Colom, ya que es imprescindible valorar a la persona y no adelantarnos a la explotación de la riqueza natural, el consumismo extremo y la venta de niños como mercancí­as. Por lo tanto, el gobernante y sus altos funcionarios deberán reflexionar seriamente y decidir sobre la reducción de la pobreza en pleno siglo XXI para no seguir privilegiando a los sectores pudientes.

Otra preocupación reciente es la deuda de más de dos mil millones de quetzales que heredó el gobierno de í’scar Berger a la nueva administración, la cual provocará un alto déficit fiscal, problemas macroeconómicos y la falta de obras de infraestructura para el 2008. El gobierno anterior se dedicó a licitar obras exageradas a empresas de familiares, convirtiéndolas en negocios costosos, evidenciando una vez más que el gobierno de los empresarios solo generó compromisos en detrimento de la población e impulsó una polí­tica de manipulación de la opinión pública para seguir respaldando la acumulación de la riquezas a favor de la oligarquí­a.

El sistema democrático que hoy pregonan los polí­ticos deberá traducirse en el fortalecimiento de las instituciones que prestan servicios y la descentralización eficiente de los órganos administrativos para que la población rural acceda a la educación y la salud gratuita. Al igual que otros paí­ses que paulatinamente han resuelto sus problemas sociales, Guatemala necesita salir adelante, y para ello es necesaria una reforma fiscal que obligue a los grandes contribuyentes a pagar impuestos y no evadirlos. Por aparte, es urgente impulsar polí­ticas agrarias y de desarrollo rural que satisfagan las necesidades alimentarias de la población de aquel sector y se ponga fin a la violencia social que ha cegado la vida de miles de ciudadanos.

Por el bien de los más de doce millones de seres humanos que convivimos en este paí­s, debemos ser propositivos y responsables para apoyar acciones exitosas que comiencen a reducir la desigualdad e inequidad entre la población. En cumplimiento de un plan de gobierno serio y coherente, el Estado está obligado ha impulsar polí­ticas públicas e incluyentes; y los habitantes debemos exigir que se cumplan nuestros derechos individuales y sociales que establece la Constitución Polí­tica.