Hoy hace ocho días salí de Guatemala para atender algunos compromisos fuera del país y el viaje se pintó complejo desde el principio, puesto que un atraso en el vuelo de Taca de Guatemala a El Salvador nos complicó de tal forma que terminamos llegando muchas horas después de lo previsto a Miami y en American Airlines, porque al aterrizar en el vecino país vimos cómo tomaban pista varios vuelos, incluyendo el que debía transportarnos a nosotros. Y es que debido a la enorme demanda de estas fechas, cuando las familias viajan a Orlando aprovechando las vacaciones escolares, ya no había lugar en el vuelo directo y, como repito, la escala en El Salvador fue un desastre.
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Y eso me hizo recordar las palabras del Presidente Berger cuando se refirió hace pocos días a que la situación de Guatemala no es tan fregada porque los aviones salen y entran llenos de pasajeros, lo cual interpreta como signo de bonanza. Pero lo peor de todo estuvo cuando quise cambiar mi fecha para retornar antes al país, puesto que en Taca imposible encontrar espacios aun en vuelos con varias escalas y en las otras líneas aéreas también nos dijeron que los vuelos estaban llenos y que había que esperar varios días para encontrar algún espacio asegurado. Siendo el caso que me encuentro a cierta distancia de Miami, no me era fácil apersonarme al aeropuerto para colocarme en lista de espera y aguardar a ver si tenía la suerte de encontrar los espacios necesarios.
Tomando en cuenta la desagradable experiencia del viaje de Guatemala a Miami, terminé por decidirme a conservar intactas mis reservaciones para no correr el riesgo de perderlas y quedarme varado más tiempo y así poder retornar a Guatemala antes de las elecciones para cumplir con mi deber cívico de emitir el sufragio el día 4. Y no es que mi voto vaya a ayudar a nadie, porque en reiteradas oportunidades he escrito que no veo en ninguna de las propuestas políticas una real comprensión de las necesidades del país y, sobre todo, la necesaria independencia del gran poder económico para adoptar las decisiones trascendentales que Guatemala requiere, lo cual me hace formar parte de ese contingente que hace del voto nulo una forma de mensaje a los políticos para indicarles que están llevando nuestra democracia por el sendero equivocado.
Y es que en realidad preocupa que nuestros partidos políticos sean tan superficiales y poco comprometidos con las necesidades e intereses de la población, puesto que cuando más profundiza uno en sus propuestas y, sobre todo, en sus compromisos, se da cuenta que los mismos son con los financistas, con quienes les han proporcionado dinero para realizar esa millonaria campaña, característica de lo que es y constituye nuestra pistocracia que ha terminado por prostituir más la política.
El problema es que, ciertamente, muchos de los ciudadanos tenemos niveles de vida y de comodidad que nos hacen perder la perspectiva y suponer que todo el país anda bien, simplemente porque ahora es tal la demanda de espacios en los aviones que cuesta mucho garantizar una reserva. Pero lo peor es que si ese es nuestro problema, dejamos de ver y, peor aún, de entender el problema de los que no tienen ni para comer y que constituyen ese contingente de gente que pasa apuros en el día a día de nuestra Guatemala de marcados contrastes.