Ecuador realizará el domingo próximo los comicios generales más atípicos de su historia reciente, de los que, salvo un giro de última hora, saldrá reelecto el presidente Rafael Correa con una mayoría legislativa con la que podría gobernar a sus anchas hasta 2013.
Con casi 14 millones de habitantes, el país andino irá por cuarta ocasión a las urnas en dos años y cuatro meses, para definir por primera vez la reelección de un mandatario desde el retorno a la democracia en 1979.
Las votaciones pueden marcar adicionalmente el fin de una época de inestabilidad política (1996-2006) en la que los tres predecesores de Correa, elegidos en las urnas, fueron destituidos en medio de revueltas populares.
Sin embargo, el panorama para el líder socialista de 46 años y formado en Estados Unidos hoy luce muy distinto. Bajo sus riendas, Ecuador cambió interna y externamente, en lo que él mismo ha definido como «dos años maravillosos de revolución ciudadana».
Primero sacó del camino al Congreso opositor, luego debilitó al máximo a sus adversarios y logró meter al país en la órbita de los gobiernos izquierdistas que, a la cabeza del venezolano Hugo Chávez, retan a Washington y hablan de una nueva arquitectura financiera con el Estado como protagonista.
Asimismo, al cabo de tres procesos electorales, consiguió aprobar una Carta constitucional inspirada por él, rechazó el libre comercio con Estados Unidos, expulsó al representante del Banco Mundial y a dos diplomáticos estadounidenses alegando una intromisión indebida.
También suspendió el pago de una parte de la deuda externa, rompió relaciones con Colombia por una incursión militar y acumuló un récord difícil de igualar en Ecuador: el presidente más popular, el que más ha ganado votaciones en menor tiempo y probablemente el primero en ser reelecto.
«En las encuestas nos va muy bien, tendríamos mayoría (legislativa) absoluta», afirmó en una entrevista transmitida este domingo. Varios sondeos pronostican su victoria en primera vuelta, algo que tampoco ha ocurrido en mucho tiempo.
La oposición, por su parte, parece encaminarse a su cuarta derrota consecutiva. El ex presidente nacionalista Lucio Gutiérrez y el magnate Alvaro Noboa, sus principales adversarios, aparecen rezagados en las encuestas, y los analistas estiman que antes que la presidencia buscan controlar el Legislativo.
«Ellos (los opositores) ya se ven vencidos en las urnas. Su estrategia es desgastar lo más posible al presidente», señaló Correa, advirtiendo que en caso de que no obtenga la mayoría legislativa está facultado para disolver la Asamblea si ésta obstaculiza su plan de desarrollo.
La oposición ha descrito esta campaña como una lucha entre Goliat y David en alusión al supuesto uso desmedido de recursos oficiales por parte del mandatario, y al control que tiene de los medios, tres estatales y dos privados.
«Correa ha despilfarrado el dinero del petróleo, se ha peleado con Estados Unidos y Colombia, ha mantenido dudosos tratos con la guerrilla colombiana. Un ex ministro suyo está preso por corrupción y otro colaborador acusado de narcotráfico», señaló Gutiérrez en un programa radial.
A pesar de las duras críticas, el mandatario tiene el viento a su favor y muchos lo atribuyen a su carisma, capacidad de convencimiento y a una obra de gobierno que ha volcado millonarios recursos sobre la atención de los más pobres.
Asimismo, al tenor del llamado socialismo del siglo XXI, invirtió en escuelas, centros de salud, vías, y ahora trata de capotear la crisis mundial que, según él, no ha afectado severamente a Ecuador, pero que para sus críticos lo pondrá de cara a la realidad de un país que no ahorró en los tiempos prósperos.