Comer vegetales y fruta, un lujo


La existencia de crisis respecto a la nutrición en diversas capas sociales, indica que hay hambruna, sin indicios de solución. Debido a la misma es conmovedor la ingesta atenidos a una escasa canasta básica. Queda por demás demostrado la no inclusión balanceada de la dieta, garante de la salud, desarrollo y vida, en calidad de satisfactores.

Juan de Dios Rojas

Casos extremos, consistentes en familias que sólo un tiempo de comida hacen al dí­a, distante de señalamiento exagerado, es tremenda realidad. Ensombrece el panorama nacional, donde una sumatoria de tragedias pone la tapa al pomo. Para nadie es un secreto sacar a relucir cuántos connacionales únicamente comen tortilla con sal y el infaltable chile.

Lo anterior ya no afecta únicamente a los habitantes del área rural -la otra Guatemala- hoy en dí­a también afecta sin misericordia a pobladores urbanos. Dicha situación expande su radio de acción sobre gente de asentamientos humanos, cinturones de miseria en barrancos de suyo vulnerables, además, a miles de damnificados por la tormenta Agatha, que los dejó sin nada.

Otro cuarto de espadas como los precios elevados descontrolan totalmente el presupuesto hogareño en la cotidianidad. Cierto viene a ser la presencia diversa motivadora de la vendimia. Exposición permanente de la riqueza del suelo, en épocas diferentes. Corroboración de la bonanza y riqueza del territorio cuya producción refleja dos rumbos opuestos, a saber.

Aun entre miembros de la clase media, en visible extinción, ahora pasan ingentes dificultades en consecución de vegetales y fruta, en mercados cantonales, debido a los precios disparados. El regateo antañón, pasó a la historia. Sorpresa tras sorpresa llevan las amas de casa que se truenan los dedos a fin de al menos llevar lo más indispensable.

Una cosa trae otra consigo, su par a la enésima potencia. A la niñez, urgida por naturaleza de consumir fruta, especialmente de su preferencia, el caso toma visos crí­ticos. Padres de familia con tantas preocupaciones en mente, el asunto de darles ya no monedas, sino quetzales, constituye palabra mayor. Los chicos terminan viendo y deseando ¡qué triste!

Pese a la recomendación de nutricionistas acerca de la necesidad de alimentarse con vegetales y fruta, no resulta factible. Simples bolsitas de plástico conteniendo dos, tres unidades, alcanzan precios enormes. Economí­a y Diaco, nada que ver; el poder de compra se escapa de las manos, resta esperar que alguna vez las autoridades «tomen cartas en el asunto».

Los cambios marcan semejante a hierro candente, a cada generación esas situaciones, a su paso por la senda propia de la vida. Somos de parecer que esos vaivenes imperantes dejen bagajes en consecuencia. El resultado inmediato sobreviene indistintamente con un saldo de experiencias. A la postre auténticos instrumentos que factibilizan el rumbo.

MAGA lleva a cabo planes y proyectos encaminados al fomento de más y mejor producción de vegetales y fruta. Hay vocación agrí­cola de potencia nada más; en la práctica vemos resultados raquí­ticos; acaso limitados al consumo interno. En tanto que necesidades e intereses del consumidor, quedan muy por debajo; siempre la misma historia.

Uno y otro producto de esta tierra bendita, hace tiempo alcanzan mejores derroteros. En virtud de conformar importante exportación de productos no tradicionales. Indicador que las cosas apuntan a esa atención, generadora de buenas divisas, contantes y sonantes. El consumo interno no es tan significativo para comisionistas, especuladores y vendedores que hacen de las suyas.

A estas alturas es improcedente aplicar medidas drásticas, por ejemplo: control de precios y calidad. Los raseros van conforme los destinatarios, demostrado está. Aunque dejarlos a sus anchas conlleva problemática cada vez. Al menos en beneficio de un alto a la crisis alimentaria, verdadero flagelo que tiene poder, de sobra sabemos.