La existencia de crisis respecto a la nutrición en diversas capas sociales, indica que hay hambruna, sin indicios de solución. Debido a la misma es conmovedor la ingesta atenidos a una escasa canasta básica. Queda por demás demostrado la no inclusión balanceada de la dieta, garante de la salud, desarrollo y vida, en calidad de satisfactores.
Casos extremos, consistentes en familias que sólo un tiempo de comida hacen al día, distante de señalamiento exagerado, es tremenda realidad. Ensombrece el panorama nacional, donde una sumatoria de tragedias pone la tapa al pomo. Para nadie es un secreto sacar a relucir cuántos connacionales únicamente comen tortilla con sal y el infaltable chile.
Lo anterior ya no afecta únicamente a los habitantes del área rural -la otra Guatemala- hoy en día también afecta sin misericordia a pobladores urbanos. Dicha situación expande su radio de acción sobre gente de asentamientos humanos, cinturones de miseria en barrancos de suyo vulnerables, además, a miles de damnificados por la tormenta Agatha, que los dejó sin nada.
Otro cuarto de espadas como los precios elevados descontrolan totalmente el presupuesto hogareño en la cotidianidad. Cierto viene a ser la presencia diversa motivadora de la vendimia. Exposición permanente de la riqueza del suelo, en épocas diferentes. Corroboración de la bonanza y riqueza del territorio cuya producción refleja dos rumbos opuestos, a saber.
Aun entre miembros de la clase media, en visible extinción, ahora pasan ingentes dificultades en consecución de vegetales y fruta, en mercados cantonales, debido a los precios disparados. El regateo antañón, pasó a la historia. Sorpresa tras sorpresa llevan las amas de casa que se truenan los dedos a fin de al menos llevar lo más indispensable.
Una cosa trae otra consigo, su par a la enésima potencia. A la niñez, urgida por naturaleza de consumir fruta, especialmente de su preferencia, el caso toma visos críticos. Padres de familia con tantas preocupaciones en mente, el asunto de darles ya no monedas, sino quetzales, constituye palabra mayor. Los chicos terminan viendo y deseando ¡qué triste!
Pese a la recomendación de nutricionistas acerca de la necesidad de alimentarse con vegetales y fruta, no resulta factible. Simples bolsitas de plástico conteniendo dos, tres unidades, alcanzan precios enormes. Economía y Diaco, nada que ver; el poder de compra se escapa de las manos, resta esperar que alguna vez las autoridades «tomen cartas en el asunto».
Los cambios marcan semejante a hierro candente, a cada generación esas situaciones, a su paso por la senda propia de la vida. Somos de parecer que esos vaivenes imperantes dejen bagajes en consecuencia. El resultado inmediato sobreviene indistintamente con un saldo de experiencias. A la postre auténticos instrumentos que factibilizan el rumbo.
MAGA lleva a cabo planes y proyectos encaminados al fomento de más y mejor producción de vegetales y fruta. Hay vocación agrícola de potencia nada más; en la práctica vemos resultados raquíticos; acaso limitados al consumo interno. En tanto que necesidades e intereses del consumidor, quedan muy por debajo; siempre la misma historia.
Uno y otro producto de esta tierra bendita, hace tiempo alcanzan mejores derroteros. En virtud de conformar importante exportación de productos no tradicionales. Indicador que las cosas apuntan a esa atención, generadora de buenas divisas, contantes y sonantes. El consumo interno no es tan significativo para comisionistas, especuladores y vendedores que hacen de las suyas.
A estas alturas es improcedente aplicar medidas drásticas, por ejemplo: control de precios y calidad. Los raseros van conforme los destinatarios, demostrado está. Aunque dejarlos a sus anchas conlleva problemática cada vez. Al menos en beneficio de un alto a la crisis alimentaria, verdadero flagelo que tiene poder, de sobra sabemos.