Comedores solidarios, buena idea, pero se necesita vigilancia policial


El sábado recién pasado, a eso de las once horas, cuando circulaba por la 10ª. avenida y 22 calle de la zona 1, vi las instalaciones del nuevo «Comedor Solidario» en la parte trasera del antiguo edificio que aún alberga los olvidados vagones del ferrocarril y sus inoperantes locomotoras.

Fernando Mollinedo

La curiosidad me invadió y decidí­ parquear e ir a echar una miradita ya que la puerta principal se encontraba abierta; allí­ me atendió de manera muy atenta el señor Julio César Jiménez, quien labora en esa dependencia; indicó que cada dí­a que pasa es mayor la afluencia de comensales, en los tiempos de desayuno y de almuerzo; no sólo debido a lo barato del precio, también por la excelente calidad de la comida que sirven.

Las instalaciones en sí­, están muy pero muy aseadas, en un salón de unos veinticinco metros de largo por diez de ancho, están distribuidas alrededor de unas treinta y cinco mesas para seis comensales cada una; en el extremo del salón está el área donde se encuentran las bandejas de plástico y donde sirven la comida; en el interior del edificio, se puede ver la cocina y las áreas de trabajo de las estufas y de lavado de trastos.

Por el momento, todo luce con una limpieza digna de alabanza; se puede ver las instalaciones donde ya se encuentran funcionando las clí­nicas populares, lugar donde un médico y un odontólogo atenderán al público en general de forma gratuita y en algunos casos proporcionarán la medicina genérica que demande el caso.

Haciendo una visión retrospectiva, recuerdo que por los años 60 existieron los «Comedores Populares», uno de ellos ubicado en la Avenida Bolí­var y 34 calle de la zona 3 en esta ciudad; atendieron a personas de escasos recursos que llegaban de lunes a viernes a ingerir un almuerzo que les era proporcionado de forma gratuita. Por lo tanto la idea actualizada de los «Comedores Solidarios» no es nueva; me parece bastante acertada porque cumple con una función de proyección social al vender comida a precios baratí­simos.

Al comedor está llegando toda clase de personas; y cuando se hace la fila para ingresar, más de alguna persona en estado de ebriedad o con sí­ntomas de drogadicción altera el orden y disciplina ante la indolencia de los agentes policiales de la PNC que llegan a esas instalaciones durante el tiempo de comida supuestamente para velar por el orden.

ES NECESARIO que las autoridades correspondientes instruyan a los agentes de la PNC para que de forma enérgica no permitan el ingreso de personas alcoholizadas ni con signos de drogadicción al comedor. El hecho que cualquier persona pueda llegar a dicho comedor, no implica que a cualquiera se le permita el ingreso en condiciones anormales; se le debe respeto al público usuario normal y para velar por ello está la Policí­a Nacional Civil.