A propósito de lo que ocurre en Comalapa, un municipio con población mayoritariamente indígena con característica multirreligiosa, con vocación pacífica, siempre y cuando no se toque una de sus partes más sensibles como es el territorio y la religión. Defienden con uñas y dientes lo que consideran suyo. Y este es el caso del territorio donde está asentada la iglesia católica San Juan Bautista en la plaza central de la localidad.
Hago referencia a lo anterior, por lo publicado por Prensa Libre el día 22 de enero, con el titular: «Obispos suspenden actividad religiosa». En mi opinión, creo que fue una decisión inteligente de parte de la Conferencia Episcopal, y deberían de extender un poco más esa decisión inteligente, si dejaran en paz a esta población y ellos reconocer un mea culpa por lo que está sucediendo en Comalapa y no descargar su ira y toda esa culpa en la persona del ahora también obispo Eduardo Aguirre y la organización Santa María del Nuevo í‰xodo.
En principio, quiero decir que no estoy ni a favor ni en contra de la Conferencia Episcopal y tampoco de la Congregación fundada por el obispo Aguirre, pero sí estoy a favor de los indígenas que asisten a esta iglesia y su reclamo de pertenencia territorial y por lo mismo pido que se les trate como seres humanos, como seres pensantes que tienen toda la capacidad de razonar y decidir por ellos mismos en lo que es bueno o es malo para ellos y su comunidad. Ya es tiempo de dejar de verlos como niños chiquitos que necesitan del auxilio de «mamá iglesia romana» para sobrevivir espiritualmente, tal como lo ha hecho la iglesia que tiene por fundamento Cristo y el Papa y que 500 años atrás con la cruz en una mano y la espada en la otra, obligaron a rechazar las creencias ancestrales de los indígenas de entonces.
El conflicto que se suscita no se le puede achacar sólo a los sacerdotes de la Congregación Nuevo í‰xodo, pues éstos llegaron a Comalapa hace 3 años y el problema data desde 1967, es decir, hace más de 40 años, cuando la iglesia católica inicialmente se dividió en dos, producto de diferencias entre la Cofradía Indígena y miembros de la Acción Católica, lo cual desembocó en un zafarrancho que tuvo su cauda de heridos y un muerto. Los de la Cofradía se quedaron en las instalaciones de la iglesia San Juan y los miembros de la Acción Católica, fundan su propia iglesia con el nombre de Sagrado Corazón y mientras tanto quienes no compartían las ideas de uno y otro grupo, se convierten al protestantismo y fundan sus propias iglesias, de esa cuenta ahora en Comalapa, hay alrededor de 80 iglesias evangélicas de diversa denominación.
En relación al zafarrancho, las autoridades eclesiásticas de esa época dieron su veredicto: la Cofradía Indígena y los miembros de la iglesia San Juan: ¡culpables! Su castigo, permanecer sin sacerdote por un tiempo. Estos fueron alrededor de 5 años, hasta que levantan el castigo y envían un sacerdote. Tiempo después lo quitan y envían a otro con la diferencia que también debe atender la iglesia Sagrado Corazón. Y así permanecieron por mucho tiempo ambas iglesias. Sin embargo, siempre prevaleció la idea de que los malos de la película, son y serán los miembros de la iglesia San Juan y por lo tanto los miembros de la iglesia Sagrado Corazón, recibieron un trato preferencial por ser considerados los buenos.
De esa cuenta, hace aproximadamente 4 años las autoridades indígenas de la iglesia San Juan se quejaron hasta el cansancio ante el entonces obispo de Sololá, Raúl Antonio Martínez, de malos tratos por parte del párroco, Leobardo Tuyuc, indígena y comalapense para más señas, sin embargo fueron desoídos. Acudieron en 17 ocasiones ante el Cardenal Quezada Toruño y tampoco fueron atendidos, entonces, hace tres años tomaron la decisión de despedir al cura que los mal atendía y solicitaron los servicios espirituales a los sacerdotes de la Congregación Nuevo í‰xodo.
Entonces, si realmente el deseo de paz del obispo Gonzalo de Villa y de la Conferencia Episcopal de Guatemala, cuando dice: «San Juan (Comalapa) es un pueblo muy hermoso, deseamos que haya paz». Si esto es real, pues es simple: déjenlos en paz, no interfieran en la decisión de esta población que ha tomado la libre determinación de no querer nada con Roma ni con su iglesia y déjenlos actuar por su libre albedrío y sobre todo déjenlos vivir en paz y si por no estar con Roma y desvinculados a la autoridad del Papa y si por eso condenan su alma, pues si ellos así lo han decidido, que así sea, sálvense ustedes y salven a los que puedan.
La solución a este conflicto de índole religiosa en donde la iglesia romana ha llevado las de perder, que no es sólo en Comalapa, sino en varios municipios de los departamentos de Alta Verapaz, Quiché, Huehuetenango, San Marcos y Chimaltenango, es admitir que la población indígena está en capacidad de decidir.