Lo ocurrido ayer en el centro comercial Tikal Futura es un signo sumamente desalentador y preocupante porque pone en evidencia el nivel que ha alcanzado el narcotráfico y por ello se puede pensar que estamos viviendo momentos como los que vivió Colombia y los que ahora vive México, procesos sumamente violentos que le han costado la vida a miles de personas inocentes. Un centro comercial, en el día de la Independencia patria, fue escenario de un brutal enfrentamiento que puso en peligro a cientos de personas.
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No hay sitio seguro en Guatemala y seguramente que no existe la posibilidad de que las fuerzas de seguridad puedan ejercer control de la situación para beneficio de los guatemaltecos. Totalmente desbordados por la criminalidad de todo tipo, en nuestro país estamos viviendo con la esperanza de que no nos alcance el vendaval, pero sin fundadas razones para sentirnos tranquilos.
La noticia me llegó estando fuera del país y resulta que el impacto de la misma en el extranjero es muy grave porque nos sigue colocando como un país peligroso a donde nadie quiere viajar y mucho menos en el que personas de afuera quieran invertir. No se les puede criticar porque las noticias son, en realidad, alarmantes y suficientes como para que cualquiera sienta que Guatemala ha caído a niveles que sufrió Colombia en lo peor de la influencia de los narcotraficantes o como los que sufre actualmente México en la lucha por erradicar ese flagelo. La cantidad de familias que sufrieron el enorme peligro de perder la vida en medio de una balacera como la de ayer en un concurrido centro comercial nos tiene que alertar sobre la gravedad del problema. Evidentemente las autoridades no le ponen atención al asunto de la violencia porque vemos todo el tiempo que se hacen los desentendidos y que no mueven ni un dedo para contrarrestar el problema. De no ser por el apoyo que brinda la CICIG, por ejemplo, matanzas como la de Zacapa hubieran quedado en la impunidad que es tradicional en nuestro medio, porque localmente no hay siquiera un aire con remolino para asumir la responsabilidad de enfrentar el avance de los grupos de narcotraficantes que se han adueñado del país, literalmente hablando, y a los que no existe ninguna autoridad que quiera controlar y cuando actúan lo hacen a la loca, exponiendo a la ciudadanía.
Los narcos se han metido en los centros comerciales, hoteles, condominios, en asociaciones o clubes privados, donde pasean la arrogancia de su dinero con desfachatez e insolencia propia de quien sabe que no tiene nada que temer porque no existe en realidad una autoridad competente para enfrentarlos. Y cada día será más violenta su actitud porque así es como se ha producido el fenómeno en otros países y tenemos que prepararnos para soportar momentos en verdad duros y difíciles.
Mientras tanto, el gobierno sigue con su secular indiferencia respecto al tema de la violencia y sigue sin hacer absolutamente nada para cumplir con su obligación constitucional de asegurar la vida y la tranquilidad de las personas. La seguridad no ocupa ningún espacio en la lista de prioridades del gobierno que tienen que ver básicamente con el tema electoral y la compraventa de votos que vienen planificando y ejecutando desde hace más de dos años y medio mientras la población sufre las consecuencias del incremento de la violencia.