Colombia aprovecha biodiversidad


Un escarabajo rinoceronte, uno de los animales que se convierte en producto de exportación de Colombia, sobre todo hacia Japón. FOTO LA HORA: ARCHIVO

Colombia, uno de los paí­ses con mayor biodiversidad del mundo, comenzó a explotar legalmente esta cualidad con la venta a varios paí­ses de raras especies animales, un «biocomercio» mirado con inquietud por grupos ambientalistas.


La incipiente exportación de fauna exótica local -en especial mariposas, escarabajos, peces y ranas- a paí­ses como EE.UU., Canadá, Japón y Emiratos írabes está a cargo de 1.250 pequeñas compañí­as colombianas -según datos del estatal Fondo de Promoción de Exportaciones- pero tiene un competidor desleal: el tráfico ilegal de fauna.

«Tinny», un escarabajo trompetero nacido en un criadero de la provincia colombiana de Boyacá, frecuenta desde hace 2 meses el parque Kairakuen, en la ciudad japonesa de Mito. Su dueña, Keiko Sato, llegó el jueves hasta una finca de la zona rural de Tunja para buscarle pareja.

«Estos escarabajos son muy hermosos y simbólicos. Ya hemos comprado aquí­ en los últimos dos años más de una docena para regalar a los hijos de amigos en Japón que los convierten en mascotas y traen buena suerte», comentó telefónicamente a la AFP, afirmando que por cada uno paga 4 dólares como máximo.

La empresa «Tierra Viva», dedicada a la crí­a de escarabajos para venderlos vivos o muertos, es dirigida por Germán Viasus, que asegura que después de engorrosos trámites pudo beneficiarse de este comercio.

«Luego de décadas en que Colombia perdió especies únicas por causa del tráfico ilegal, y del maltrato a que se vieron expuestas por las condiciones de clandestinidad de su comercio, empresas como la nuestra comenzaron a pensar en criarlas y exportarlas legalmente, lo que resultó un buen negocio», dijo.

«Exportamos principalmente escarabajos a Japón, donde son admirados y tratados con respeto y devoción, pero ya comenzamos a recibir solicitudes de Emiratos Arabes donde uno de los jeques nos hizo un pedido de un millar», dijo.

Otro producto de gran acogida son las pupas de mariposa empacadas en atractivas urnas transparentes, con fotografí­as de la especie y un manual, destinadas a ser regaladas a un amante o ser especial.

«Ofrecemos la pupa para que los enamorados vean crecer la larva y luego dejen en libertad la mariposa como sí­mbolo que sella su amor», afirma Vanesa Wilches, gerente de «Alas de Colombia» empresa que en los últimos 5 años exportó mariposas a Holanda, Inglaterra, EEUU y Francia con ventas anuales cercanas a los 75.000 dólares.

Coleccionistas y empresarios de paí­ses de Lejano Oriente, como Singapur, Corea y China, compran peces oriundos del este de Colombia, que son comercializados a través de la cooperativa de pescadores Coopesca, cuyo gerente es José Arturo Gómez.

Según este pescador, por cada ejemplar de mantarraya de las aguas del rí­o Orotoy los pobladores locales no pagan más del equivalente a 50 centavos de dólar, mientras que en Singapur, Malasia o Japón su precio llega a más de 80 dólares.

Este comercio ocurre en paralelo al tráfico ilegal, que según Marí­a Sanchez, coordinadora de la Policí­a Ambiental, es manejado por una poderosa red internacional. Sólo en 2008 el organismo decomisó 54.000 animales salvajes destinados al comercio dentro y fuera del paí­s.

La venta de mariposas, peces y escarabajos colombianos vivos, un comercio que en 2008 ascendió a 7,3 millones de dólares, es visto por grupos ambientalistas con recelo.

«Están vendiendo ejemplares colombianos únicos y sólo se lucran los vendedores y no el Estado, luego, en los paí­ses de destino de estos animales hacen zoocriaderos, optimizan la especie y los comercializan a mejores precios», opinó Iván Fernández, de la fundación «Vida Sivestre».

En cambio, Fabio Arjona, de la ONG Conservación Internacional, opina que «cuando la comercialización de estos animales es cientí­fica, con una producción garantizada, que no represente una extracción de la especie de su medio, y donde se cumplan los requisitos es una gran oportunidad para el paí­s».