Hugo Chávez, presidente de Venezuela, se refería a ílvaro Colom como «su amigo», razón por la cual el polémico mandatario vino a la toma de posesión el pasado 14 de enero, pese a que él mismo alertara sobre un supuesto complot para asesinarlo en Guatemala.
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Desde entonces, pero sólo en los primeros meses, la comunidad internacional relacionaba más al presidente Colom con su afinidad hacia el denominado «eje del mal latinoamericano», liderado por Hugo Chávez.
No está de más recordar que la primera visita oficial del binomio fue del vicepresidente Rafael Espada a Cuba, periplo que no fue visto con buenos ojos porque demostraba aún más la tendencia hacia la supuesta tendencia hacia la «izquierda» del Gobierno.
Desde el primer día de su mandato, Colom asumió una postura neutral en cuanto a la disputa del Gobierno de Estados Unidos y el «Bloque Bolivariano», integrado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, Daniel Ortega, de Nicaragua y Evo Morales, de Bolivia.
Colom afirmó en repetidas oportunidades que velaría por el bienestar de la población guatemalteca, y a partir de los requerimientos nacionales, se integraría una agenda de política internacional.
En diciembre del año pasado se reunió con Ortega previo a su toma de posesión, y en el primer día de su mandato fue felicitado por Chávez y Morales, entre otros líderes izquierdistas de América Latina.
Las relaciones con los gobiernos sudamericanos fueron constantes e incluso se publicó en algunos medios internacionales, que el presidente guatemalteco tenía la intención de participar del Tratado de Petrocaribe e incluso de que se mostró interesado en la contrapropuesta de Chávez para el Tratado de Libre Comercio, denominada Alternativa Bolivariana para las Américas.
Neutralidad
Sin embargo, ante la crisis diplomática de Sudamérica, en que Colombia se enfrentaba con Venezuela y Ecuador por la supuesta invasión de territorio, el presidente Colom optó por la neutralidad, e incluso se apuntó para ser mediador, en una actitud que mantuvo satisfechos a ambos «bandos continentales».
«Debemos superar, como continente y en Guatemala, esas divisiones de izquierda y derecha que ya no existen. Cada país está haciendo su propia política, y no se puede generalizar» declaró Colom a un matutino, previo a su investidura el 14 de enero pasado.
Pero, ante las miradas acusadoras, y sobre todo tras la visita del presidente Colom a Washington, la actitud de este, frente el bloque bolivariano se ha modificado levemente.
Casualidad o no, el mandatario guatemalteco no asistió a la reunión en Nicaragua, en donde supuestamente estaría Chávez. Al final, ninguno de los dos estuvo, pero sí tres de sus más fieles aliados: Morales, Ortega, y el mandatario ecuatoriano, Rafael Correa; con ello, Colom salvó las apariencias.
En la próxima cumbre de Lima con la Unión Europea, el vocero presidencial Fernando Barillas se apresuró a decir que Colom no se reunirá con Hugo Chávez, como si importase más con quién no se reunirá, en lugar de referir con quién sí. Obviamente, el contexto es más importante en este caso, y por ello es importante saberlo.
Además, la semana pasada el mandatario Colom aceptó ante dos medios de comunicación escritos, que la ratificación de Petrocaribe estaba muy lejos, acrecentando las distancias.
Gustavo Berganza, analista político, considera que la política exterior del país debe mantenerse al margen de las discrepancias entre el grupo liderado por Chávez y el del presidente norteamericano, George W. Bush.
«El Gobierno no tiene por qué intentar quedar bien con ninguno de los dos bandos, solo tiene que quedar bien con los guatemaltecos y asegurarles el bienestar», señala.
En coincidencia con el canciller Haroldo Rodas, Berganza refiere que se deben considerar las propuestas políticas, económicas y de cooperación que provengan del exterior, sin importar su procedencia, no obstante resalta que se debe profundizar en el análisis para determinar cuán beneficiosas son para la población.
«La política exterior se debe definir de acuerdo al contexto interno del país, el Gobierno debe tener siempre presente que la población es la prioridad», puntualiza Berganza.