Colom no puede perder el tiempo


Hoy es dí­a de fiesta y algarabí­a en el entorno del nuevo Presidente, el ingeniero ílvaro Colom, y se acarician sin duda sueños de grandes éxitos y realizaciones, pero a partir de mañana la población empezará a medir si como roncan duermen y si todos esos años de preparación que debe haber tenido el nuevo gobernante desde que se postuló por vez primera para Presidente de la República, hace ya más de ocho años, sirvieron para algo. Serrano, Arzú, Portillo y Berger tuvieron cada uno cuatro años para prepararse porque todos ellos llegaron en su segunda intentona por alcanzar el poder y para Colom la tercera fue la vencida, como decí­amos de patojos.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Las dificultades que tuvo para integrar su gabinete dan una idea de que al menos en lo que se refiere a la conformación de cuadros para asumir la magna tarea de administrar la compleja cosa pública no se habí­a preparado lo suficiente. Y es que una cosa es prepararse para ganar una elección y otra muy distinta prepararse para gobernar al paí­s. Si bien no se puede hacer lo último sin lo primero, las diferencias entre las cualidades de un candidato y las cualidades de un estadista son a veces diametralmente opuestas.

En todo caso, Colom tuvo, antes de lanzarse a la arena polí­tica, buena experiencia en la administración pública en la que debutó con Serrano Elí­as y perduró hasta los tiempos de ílvaro Arzú, lo que da una idea de que es alguien que debe conocer los vericuetos del poder y las dificultades intrí­nsecas que entraña su ejercicio. En otras palabras, se puede pensar que en él están combinados los factores que requiere un buen polí­tico, es decir, la habilidad para galvanizar el respaldo de la población y el conocimiento para tomar las decisiones más convenientes para el paí­s.

Pero el tema más importante, al margen de las caracterí­sticas personales del nuevo Presidente, está en que Guatemala es un paí­s con enormes rezagos sociales, con demasiado tiempo perdido en materia de desarrollo humano y por ello es que sostengo que Colom no puede darse el lujo de perder ni un minuto de su tiempo porque cuatro años se pasan volando y lo que no se hace al principio, cuando se tiene más poder y ese beneficio de la duda que amplí­a la capacidad de maniobra, no se hace después cuando todos se van acomodando y los poderes reales, que en teorí­a debieran estar ahora agazapados (aunque algunos sostengan que ya se colocaron), recuperan todo su potencial.

Cierto es que cien dí­as iniciales son muy poco tiempo para esperar resultados, pero lo que no se hace al principio no se hace nunca porque lamentablemente la maquinaria tiene sus propios mecanismos de autodefensa para evitar cambios y mientras más se afianza y asienta, menos probabilidades hay de sacudirla. Colom encuentra un Estado inútil, con una crisis institucional enorme que requiere determinación inicial para superarla. Si no lo hace ahora, no lo hará nunca porque las grandes lacras de nuestra institucionalidad, empezando por la corrupción, se encargarán de evitar cualquier decisión de cambio que pueda afectarles.

De suerte que no es cuestión de que uno coma ansias o espere demasiado. Es cuestión de sentido común entender que si no se actúa rápido y con decisión, la maraña terminará envolviendo al nuevo equipo que sentirá más fácil acomodarse que entrarle de lleno a los desafí­os y problemas de una transformación.