Colom no es Evo Morales


Algunos presidentes del continente están pasando por un buen momento de popularidad, y han podido aprovechar esta condición para impulsar reformas importantes. Obama, por ejemplo, sigue gozando su luna de miel y sigue enmendándole la plana a su antecesor.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Esta semana, sin duda, lo más llamativo en este ámbito fue la huelga de hambre del presidente boliviano Evo Morales. Creo que en ningún momento, un mandatario haya realizado esta medida de presión ante la pujanza de la oposición.

Evo Morales goza de una buena popularidad; tanto así­, que ha logrado sortear las trabas que ha intentado imponer la oposición. Sin embargo, como un buen juego de poder, no utiliza su popularidad como aplanadora, y aunque tenga la mayorí­a de votos, sabe que no tiene el control de regiones estratégicas. Por ello, debió ceder ante la exigencia de rehacer el padrón electoral.

La popularidad de Evo es que, precisamente, defiende al pueblo. Recientemente, hizo una defensa de la hoja de coca, aun a pesar de la presión internacional para penar este cultivo. Sin embargo, para el presidente boliviano es mejor respetar la esencia de su población, que ceder ante presiones impopulares.

Muy al contrario sucede con nuestro presidente ílvaro Colom, quien impulsó una medida impopular al regular el uso de motocicletas. Es cierto que ha habido muchas presiones para que se combata a la violencia; pero -al igual que Evo recibe presiones contra la coca- hay medidas que simplemente no se pueden tomar, porque afectan a la población.

Y es que a veces se toma el criterio de que, aunque se perjudique a un pequeño número de personas, se toman decisiones que favorecen a un porcentaje ampliamente mayor. El tema de las motos afecta a un buen número de individuos; quizá los afectados lleguen a ser tantos como el número de votos que recibió la UNE en las pasadas elecciones.

Obviamente, nunca se podrá quedar bien con todo el mundo, y ése será siempre el principal dilema de los Gobiernos. Sin embargo, jamás es válido tomar una decisión que afectará a un buen número, y, sobre todo, cuando los efectos que se esperan son aún inciertos.

Porque el reglamento de tránsito podrí­a no tener efecto. Ya ayer, el lamentable asesinato de un empresario, en que supuestamente dos sicarios con sendas motos, perpetraron el hecho, demostrando que el sicariato no se detendrá, simplemente, con negar a dos en las motocicletas.

Es cierto, la popularidad no lo es todo, y ésa fue la lección de Antonio Elí­as Saca en El Salvador, que, pese a gozar de una alta estima de la población, el candidato oficialista no logró ganar las elecciones, más que todo porque tení­a un mal perfil frente a su oponente Mauricio Funes.

Para Colom, éste puede ser el principio del fin, porque los grandes cambios siempre dan inicio con decisiones pequeñas, pero equivocadas, como este caso de las motos. De hecho, Colom se está traicionando a sí­ mismo, porque su bandera de campaña, «la violencia se combate con inteligencia», ha sido negada, desde el mismo momento en que degrada a su ex ministro de Gobernación Francisco Jiménez, y pone en ese puesto a un reaccionario, que promueve medidas ineficientes.

Quizá el Presidente se dé cuenta de ello, cuando irremediablemente el Congreso le ofrezca su voto de falta de confianza a Gándara en la próxima interpelación a finales de abril. (http://diarioparanoico.blogspot.com)